Vuelvo a la mañana del miércoles, cuando poco más allá de las diez y media, fui a buscar a mi I. Nos llegamos a la plaza, a una cafetería que casi estoy segura tiene más años que los suyos y los míos sumandos, pero que sigue atrayendo a muchos clientes cada mañana, para empezar el día con un buen café y un bocadillo. Lo que tenía que ser un desayuno, acabó convirtiéndose en un simple té negro, pero que acompañado de una pequeña charla sirvió a las mil maravillas para ponernos al día con las novedades de la semana.
Al ratillo volvimos, y en la recepción estaba nuestro jefe, hablando con la chica me ha estado sustituyendo durante estos días en que he estado de vacaciones. El sábado vuelvo a trabajar, y en esas charlas improvisadas que se empiezan cuando estás medio apartada de la realidad porque llevas tres semanas de vacaciones, I me dijo que porqué no aprovechaba a hacer algo “especial” antes de volver a la rutina diaria.
Pues bien, lo “algo especial”, y como ya os habréis dado cuenta, me siento especialmente inclinada a la ironía, ha terminado siendo…. Ir a hacer la declaración de la renta. Vaya, un plan trepidante para el final de las vacaciones. Claro que lo más trepidante o apoteósico (de ahí lo del título, permitidme que me haya tomado esa pequeña licencia), según os guste más uno u otro adjetivo, es la “fantástica” cantidad que la “queridísima” Agencia Tributaria: Porque hacienda somos todos, es de poco más que una risotada en forma de euros. Y la risotada se llama 23,83 euros. Vaya, toda una fortuna para poder tapar algún que otro agujerillo. ¿De qué sirve que te paguen un sueldo de casi pacotilla? O que tengas cuatro ahorros metidos en una libreta vivienda (que supuestamente desgrava), pero que lamentablemente creo que me van a servir de poco si me largo a London, pues….. no veo muy claro que en menos de dos años me vaya a comprar un piso, digo yo vaya… Nada, que da una “penica” más grande… Te pasas los meses revisando las nóminas y viendo que te retienen esto y lo otro y lo de más allá, y por lo menos te queda el consuelo de pensar que cuando llegue junio “los que manejan los números” se darán cuenta de que ya es bastante “escuchimizado” tu sueldo como para que encima no te den la pequeña alegría de devolverte lo que te han descontado cada mes. Pero acabas llegando a la conclusión que seguro que a los que tienen diez veces más que tu, terminarán sorteando todos los entresijos para no pagar ni un céntimo de lo de “Hacienda somos todos”. Y eso lo sabes después, cuando ya te has llevado la rabieta, pues al ver la tele, los titulares dicen algo como ."La Agencia Tributaria ha iniciado este mes la devolución de los importes de las declaraciones a devolver" Y te preguntas: ¿Y a quién co... le ingresan dinero, porque a mi más que devolverme, me han dado por saco..." Con deciros que hacer la declaración me ha costado 25 euros... encima perdiendo.... Si es que manda narices...
En momentos como estos se me despierta el sentimiento de clase obrera, que llevo casi forjado a fuego en el fondo de las tripas, y me entra un cabreo que pa’ qué contaros…
Está visto que la única manera que tenemos los pobres para estar en este mundo, es seguir trabajando y que no nos pase nada, porque sino…. No podemos seguir colaborando con lo de “Hacienda somos todos”.
O sea que ya os podéis imaginar qué final más apoteósico para mis plácidas y tranquilas vacaciones…


















