viernes

LLEGA LA PRIMAVERA A LA CIUDAD DE LA NIEBLA

Algunos dicen que la primavera se ha avanzado un poco este año. La verdad es que sí. Hoy empieza oficialmente, pero llevamos ya unos cuantos días con solecito y temperaturas más alta. Estamos de fiesta. Hoy abandonamos el frío invierno y empezamos con la loca primavera. Loca porque durante el día pasas calores importantes, y a la que cae el sol empiezas a tener un frío de narices. Esto me lleva a acordarme de una cosita que me dijo S la primera vez que nos vimos en Londres “Tú prepárate, porque los inviernos en Londres no son moco de pavo. Hace un frío de narices y a ratos te entra la “depre” por no poder salir a la calle del frío tan horrible que hace”.

No puedo negar que a ratos ha sido durillo. La verdad es que sí. En noviembre y diciembre, nos pillamos unas semanitas de lluvias y vientos helados, capaces de descolocar al más sereno. En enero las temperaturas cayeron en picado, y en febrero, la famosa nevada que paralizó totalmente la ciudad durante un par de días.

Pero al llegar marzo, parece que las cosas se han calmado un poco. Los días han empezado a ser un poco más cálidos (tampoco mucho, vayáis a pensar que esto es Barcelona y su clima de costa), pero la verdad es que en el centro del día, se agradece poder quitarse el abrigo durante un rato…

Los que dicen que ya estamos inmersos en la primavera, pues, tienen bastante razón. Llevamos unos 10 días en los que parece que el ambiente soleado es de lo más normal en esta ciudad. Esta ciudad en la que desde que te levantas hasta que te acuestas, puedes ver y vivir en propias carnes, lo que son las cuatro estaciones en un día. Eso me lleva, para tortura china del que esté cerca de mí en ese momento, a acordarme y cantar compulsivamente esta canción.

Y volviendo al hilo del tema… En estos maravillosos días pre-primaverales, durante las horas centrales de la jornada, luce un sol casi mediterráneo. Un adjetivo que me gusta aplicar a aquello que me recuerda a casa. Y aunque sé que aquí no tiene nada que ver con la realidad, por lo menos me quito de encima el “home sick”, o lo que viene siendo lo mismo, la “añoranza”. Y algo que te pasa allá donde estés, viviendo la primavera es que: durante el día te asas de calor y a la que cae el sol te entran unos fríos de narices. Me temo que librarme de un resfriado primaveral no va a ser fácil.

Pero lo que más me gusta de estar aquí en estos momentos del año es que por fin voy a vivir en mis propias carnes, la cultura del “picnic en el parque”. Es impresionante ver como a la que sale un rallito de sol, la gente se tira compulsivamente a la calle. Aparecen de todos los rincones de la ciudad, y las zonas verdes que se reparten a lo largo de toda Londres, se llenan de gente que busca los rayos de sol como si de oxígeno vital se tratara.

El miércoles “me estrené” en eso, y espero que sea el primero de muchos… Y para que veáis que no me invento nada de la pasión de los londoners en tirarse literalmente a los parques…



lunes

YA LLEGÓ...

El cumpleaños. O más exactamente, algo así como “mensuario”. Concretamente 6. Bueno, en realidad 6 meses y 3 días. Cosas de la rutina, que al final el viernes me lié con otras cosas y no tuve tiempo para redactar el post.

Pues eso, 183 días ya en la gran Londres. 183 días en los que mi vida ha cambiado, diría yo, que por completo. Es lo que tienen los viajes. Que una vez estás sumergida en ellos, para bien o para mal, te cambian para ya no dejarte ser nunca más la que eras antes. Recuerdo el famoso día D. Un viernes por la tarde, a eso de las cinco, con el metro de bote en bote y yo cargada con una maleta que era casi más grande que yo.

Aún recuerdo la sensación de casi pánico histérico que sentí la primera noche en el hotel. No hacía más que oír sirenas de ambulancias y coches de policía, arriba y abajo , por la avenida enfrente de donde me hospedaba.

Con el paso de los meses (y viviendo ahora solo a 200 metros de donde pasé la primera noche) me he dado cuenta de que las sirenas y el murmullo del metro que pasa por debajo de mi piso, ya no me molestan a la hora de dormirme por las noches…

Seis meses en los que estoy aprendiendo a moverme con bastante soltura por una ciudad enorme, que no se parece ni remotamente a nada de lo que había conocido hasta el momento. En la que estoy conociendo a gente que me ha cambiado la vida. Gente a la que conoces por casualidad y que serán parte de ti para siempre. En el pasado o en el futuro. Porque eres protagonista en primera persona de momentos que guardarás en tu memoria, más allá de las imágenes captadas con la cámara…

viernes

SE HA IDO...

Era previsible. En casa se hablaba del tema desde hacía mucho tiempo, pero nunca nos lo tomábamos muy en serio. Que si es ley de vida. Que si tarde o temprano llegará el momento. Que si tenemos que prepararnos… Pero nunca te acabas haciendo a la idea del todo.

Pero sí, el momento llegó. El miércoles. No sé exactamente a qué hora. No he querido ni podido preguntarle más a mi madre. Solo sé que nos dejó para no volver. Que con las caricias de mis padres que no lo dejaron solito ni un momento, y con una inyección que lo sedó sin hacerlo sufrir, se quedó dormidito para siempre.

Era el más pequeñín de la casa. El más “follonero” y alegre. El que siempre estaba ahí a tu lado. Cuando estabas contenta y cuando rutina se derrumbaba un poquito. El que sin mediar palabra era capaz de darte un mundo entero a cambio. El que te miraba directamente a los ojos y te hacía creer por un momento que tú eras su único dios en esta tierra.

Nunca nos olvidaremos de ti. Nunca podremos borrar de nuestras memorias los maravillosos momentos que nos has regalado durante los quince años que has estado en nuestras vidas. Contigo hemos aprendido a ser mejores personas. Y lo hiciste dándonoslo todo, sin pedir nada a cambio. Y no te apenes. Nuestras lágrimas son de tristeza. De dolor. Por no tenerte ya con nosotros. Porque llegaste sin avisar, casi sin querer. Y te has ido también casi sin avisar, sin querer. Como lo hacen todas las cosas grandes e importantes que te suceden en la vida.

Descansa en paz amigo mío…

miércoles

SINCRONIZAR AGENDAS

El lunes me llamó mi querido S. Hacía unas cuantas semanas ya que no sabía nada de él. Es lo que tiene esta ciudad. Es lo que tiene la vorágine de la vida londinense.
Me vino a la memoria lo que me dijo la primera vez que hablamos por teléfono cuando aterricé, hace ya casi seis meses: “Londres te absorbe, te atrapa con sus tentáculos y tu vida social no acaba pareciéndose en nada a la que estabas acostumbrada en tu ciudad natal.” Bueno, en realidad esas no fueron sus palabras exactas, pero sí la esencia de lo que quería decirme.

Es ahora cuando empiezo a entenderlo. Es ahora cuando esa palabreja que tanto les gusta a los ingleses “socializing”, empieza a tener más sentido para mí. Ese concepto que en nuestra lengua se podría traducir por “socializar”, pero que no tiene, ni de lejos, la misma presencia “bombardeante” en nuestras vidas, allá por tierras mediterráneas. Y es que la lengua también define patrones sociales, de comportamiento cotidiano, de formas de ver y entender la vida y las relaciones humanas…

El caso es que, y volviendo al “key point” (como dirían los ingleses), o al meollo del asunto, (como diríamos nosotros) es casi inevitable tener que incluir las “citas” con amigos y conocidos en el horario mental que te “fabricas” para la semana. Si no “sincronizas” agendas, es muy posible que acaben pasando semanas o incluso meses hasta que puedas reunirte con aquellos con los que compartes gustos, y a los que te une una estimación especial, y que quizás solo viven a unas pocas paradas de metro de ti.

Sí amigos míos. A servidora, nacida en un pueblo pequeño, donde todo está a tiro de piedra, le ha costado todo este tiempo darse cuenta de la historia. No es que sea una paleta de pueblo (o por lo menos no me considero como tal, corregidme si me equivoco, por favor) pero hasta que tu cotidianidad no está medianamente asentada, no eres plenamente consciente de ello.

Claro que en este punto se plantea otra cuestión: ¿qué es la cotidianidad viviendo en Londres? Pero eso tendrá que quedar pendiente para otro post. De momento os diré, que la mía está algo alterada últimamente, de ahí que lleve unas cuantas perdida en la blogosfera, sin actualizar mi caos particular. Cosas que pasan y que te revolucionan de la noche a la mañana. Nada malo, ni mucho menos, pero lo suficientemente nuevo para que la rutina de españolita gris y aburrida que llevaba hasta ahora, haya cambiado bastante radicalmente.

Lo que sí tengo claro ahora, es que hay que sincronizar agendas y ajustar horarios. Si no, la babilónica urbe, llena de gente, te hace sentir la persona más solitaria de la faz de la tierra. Nunca me ha gustado tener que acatar unas determinadas formas de actuar. Pero está claro que en este punto, o lo haces o te quedas más sola que la una. La improvisación no tiene cabida en este lugar, pues puedes acabar siendo víctima de un fin de semana largo, aburrido y soporífero…