Qué sería de nuestras vidas sin estas queridas amigas. Esas que cuando menos te lo esperas te saludan de buena mañana y te dejan “tiesa” nada más poner los pies en el suelo.
Pues esas queridas compañeras, las cervicales, y su colega del alma la “tensión” llevan dándome los buenos días desde hace ya unas cuantas semanas. Hasta hace unos días la cosa era medianamente soportable. Una ducha caliente, con la alcachofa de la ducha directamente apuntando al cuello durante un par de minutos y el problema se solucionaba para el resto del día. Pero desde el pasado sábado, la cosa a empeorado.
Todo empezó con el hombro derecho, que parecía un poco “atropellado” y algo vago a la hora de querer responder a mis impulsos de mover el brazo. A medida que pasaba el día la cosa empeoró. El dolor que al principio era solo como una pequeña presión sobre la zona, se fue extendiendo hacia la clavícula derecha y también por todo el brazo derecho. Después de un día de compras por el centro y una visita relámpago a Ikea para proveernos de un par de cosas, llegar a casa cargada con los paquetes fue poco más que una tortura china. Definitivamente la tensión cervical se había instalado en mí y parecía que estaba dispuesta a darme la vara.
Y así ha sido. Aquí está. Instalada desde el puño hasta la clavícula derecha, haciéndome los días un poco imposibles y complicados, y sobretodo, con unos espasmos y unos tirones que me tienen frita. Geles de calor, pastillas anti inflamatorias, paños calientes, geles anti inflamatorios, aceite de romero, baños calientes, masajes caseros... Así llevo desde el sábado y la cosa promete ir para largo. Como diría mi masajista en España “si todos los nudos que tienes en la espalda fueran garbanzos, harías un cocido para unos cuantos comensales”.
Me lo tomaré con filosofía y haré un poco el vago esta semana a ver si con un poco de reposo y el tratamiento adecuado la cosa mejora y no tengo que recurrir a la amputación. Eso a lo que tanto le gustaba recurrir a mi hermana cuando estudiaba enfermería y daba como diagnóstico cuando le decía “me duele el hombro”.
Y si por casualidad (y por desgracia) os pasa lo mismo que a mí, os dejo una pequeña ayudita, en forma de tabla de ejercicios para mejorar el estado de vuestras queridas cervicales.
PD: Como os podréis imaginar, después de tanto tiempo sin pasarme por aquí, este no iba a ser el post para el reencuentro, pero las “c” me tienen tan atacada, que en estos momentos es en casi lo único que puedo pensar....
Si estuviera en casa, allá en tierras catalanas, alguien que yo me sé me diría algo como: “Nena, avui estas florida eh?”. Si estuviera a su lado le diría “No només avui, tota la setmana”.
Y es que esta semana que hoy termina, ha tenido de todo: clases amenas; clases soporíferas; estrenarse como profesora de español; recaída al resfriado “fiebroso”; momentos de nostalgia mediterránea; trabajos sorpresa que se convierten en sorprendentemente sospechosos; alguna que otra muestra de arranque de mi carácter explosivo por las “dudosas” costumbres higiénicas de dos de mis compañeros de piso; horas de lectura estresantes; y caída en los topicazos que tan poco me gustan. ¿Es o no es para estar “florida”?
Y ayer llegó la gota que colmó el vaso para rematar estos siete días “morriñosos” y mohínos, marcados por un principio de añoranza de los míos y de mi rutina a más de mil kilómetros de aquí.
¡Qué agobiante es pasearse por un Notting Hill literalmente asediado de españoles! Definitivamente estamos hasta en la sopa. Allá donde pusieras la oreja, oías a catalanes, andaluces, valencianos, gallegos, madrileños… Me parecía más estar paseando por las Ramblas, que no por uno de los barrios más “posh” de Londres.
Lo de agobiante lo digo por una cosa: la cara de zoquetes que tenían algunos cuando contemplaban lo que allí se congregaba. Eran verdaderos “panolis” vestidos a la última moda, pero con una concepción de lo diferente y lo variado, que dejaba muchísimo que desear. A veces me pregunto que porqué se molestan algunos en viajar si lo único que terminan haciendo es criticar todo lo que ven, casi por sistema. Además, algo como todo esto no es que sea tan criticable, vaya, digo yo…
Y lo de la gota que colmó el vaso es porque, cayendo irrefrenablemente en esos topicazos que tan poco me gustan, no pude evitar acabar comiendo esto:
Sí señores. Paella y choricitos al vino en el corazón de Londres, por gracia de Hermanos García, afincados en esta calle…
… desde hace casi cincuenta años.
No se parecía al delicioso arroz a la cazuela que guisa mi madre y que te quita el hipo. Ni a los chorizos andaluces que mi padre cocina a la parrilla cada vez que en casa se come carne a la brasa. Peero, sí fueron muy aptos para quitarte la espinita de recordar sabores que aunque solo hace cinco semanas, te parecen muy lejanos.
Mal empezamos si con tan poco tiempo comienzo a decir esto, lo sé. Pero es lo que tiene venir de una familia donde se cocina taaaaan espectacularmente bien (y no lo digo yo por formar parte de ella, os aseguro que hay mucha más gente que lo ha comprobado y os lo dirían aquí y ahora), y en la que no somos especiales amigos de salir de restaurantes, precisamente por eso.
Pero es que creo que se me está empezando a reblandecer algo el coco. Ese que según mi madre, siempre he tenido tan duro. Quizás es que estoy perdiendo ese deje inconscientemente intelectual que mi padre siempre me ha dicho que tengo… Será que estoy algo lejos de mi casa y con la distancia todo parece que tiene otro color… O simplemente será que con tanto esfuerzo para amortiguar lo mejor posible el choque cultural, a veces me sorprendo a mi misma divagando sobre lo divino y lo humano sin tener ni pajolera idea de porqué lo hago.
El caso es que ayer me fui al barrio más “in” de Londres y acabé sintiéndome como en la Plaza Mayor de Madrid. Solo faltaba encontrar un puesto de bocatas de calamares (con lo ricos que están), y ponerse a gritar allí en medio “Gibraltar español, Malvinas argentinas”. El día hubiera terminado redondo.
No negaré que desde que aterricé en la Pérfida, no he leído ningún periódico. Ni inglés ni español. Bueno, en realidad eso tampoco es cierto. Algunos ratos, en los que ganduleo por internet me conecto a la prensa española en sus versiones online. Y sí tachadme de lo que queráis. Pero mi comprensión no llega a tanto para pillarme un periódico en inglés. Ni mi dinero para pagar uno español con la tarifa al cambio.
Qué contaros que no sepáis ya. ¿Verdad? La gran palabreja, temida por todos los gobiernos mundiales, aparece aquí también a la primera de cambio. Claro que yo, en las conversaciones todavía algo precarias que mantengo en inglés, esa palabra y el contexto en el que se puede inscribir, no es que aparezca demasiado.
Donde sí la encuentro, y hasta la saciedad, es en cualquiera de las clases de las asignaturas de la facultad. Los profesores parecen estar obsesionados con el tema. Y se trata de asignaturas de humanidades… No me gustaría ni pensar si fuera estudiante de una carrera que tuviera algún tipo de relación con la economía.
La crisis salió a relucir en una asignatura sobre Gramática Inglesa. Cuando el profesor nos dijo que le “gustaría” ponernos ejemplos reales a través de la prensa, pero que ahora consideraba que no era “una buena época” para echar mano de ella. No pude evitar que los ojos se me quedaran como platos. ¿Desde cuando los periódicos solo hablan de economía? ¿Desde cuando en una facultad de humanidades, y más en un curso de lengua, no se pueden tratar textos de prensa cultural, por ejemplo? No protesté porque aún no sé protestar en inglés. Que si no, se hubiera enterado ese profe si no se puede usar prensa en época de crisis.
Volvió a salir en la clase de cine. Repasando las teorías cinematográficas desde principios de siglo. Que si Eisenstein y los Formalistas, que se Benjamin y el Optimismo Tecnológico, Adorno y el Pesimismo Cultural y…. lo que hizo colmar el vaso: la influencia Marxista en las corrientes de teoría cinematográfica. No sé si el profesor llegó hasta ahí a posta o no. Pero lo que si consiguió es sacar al tema a relucir. Sí, en una asignatura sobre cine. Eso llevó a crear un paralelismo algo extraño entre el crack del 29 y la actual crisis venida también esta vez desde las Américas del Norte. Imaginaos mi cara intentando entender al profesor hablando de eso, y en inglés. Con lo mal que se me han dado siempre los puñeteros números.
No se escapa nadie. Ni yo. La crisis me ha atrapado a mí también. Y sí lo sé, no es plan de frivolizar y tomarse el tema a la ligera. Pero quien me iba a decir que hasta en la universidad, inmersa en listas de vocabulario, corrientes cinematográficas y elucubraciones sobre la sociedad británica, tendría encontronazos con este azote planetario. Sí, lo sé. Si el mundo académico es el más oportuno para levantar discusiones sobre los temas de actualidad. Sí también lo sé, es algo que nos afecta a todos y para lo que hay que prepararse por si las cosas vienen mal dadas.
Pero a mi me cansa soberanamente tener que estar hablando siempre del vil dinero. Ya tengo bastante con pensar en él cada vez que tengo que ir al súper y no poder pasarme de un presupuesto ajustado. Quizás sí soy una inconsciente despreocupada…
Dejadme que hoy me cargue una de las frases hechas más típicas de esta lengua. Una lengua, que a algunos de los que me estoy encontrando por esta ciudad, no estaría mal que les enseñaran que la hablan unos cuantos cientos de miles de personas en todo el planeta. Y no quiero, aquí y ahora, que me salga la deformación profesional ni ningún tipo de defensa a ultranza de la mayor o menor validez de una lengua, para expresarte, o identificarte culturalmente o sentimentalmente. Nada más lejos de mi intención. Pero es que lamentablemente, bordes, maleducados y estúpidos los hay en todas partes. Tanto en la casa de tu vecino, como en la ciudad de al lado, como en el pueblo perdido que hay en el quinto pino a mano derecha. Y por lo que parece, en Londres tampoco escasean. Hoy finalmente han comenzado las clases para mí. A las del lunes y el martes me fue imposible asistir. Estaba en compañía de mi amiga fiebre.
Libre ya de su esfera de influencia, a las diez y cuarto de la mañana he salido de casa, caminito de la facultad. Encontrar el aula ha sido poco más que una aventura titánica. Yo pensaba que la fama de la disciplina inglesa era real, y mucho más en el mundo académico. Temo reconocer, en vistas de cómo está siendo esta semana para todos los estudiantes extranjeros, que NO. Amigos míos, el caos existe más allá de los Pirineos. Finalmente he llegado al aula, una especie de anfiteatro de dimensiones reducidas, situada en el ala oeste de este edificio.
Impone verdad? No os lo negaré. Pero a mi me ha impuesto, y mucho, lo que me he encontrado un rato depués allí dentro. He llegado finalmente un cuarto de hora tarde. Maldiciendo las distancias que separan los diferentes edificios del campus, y sobretodo la deplorable organización, que ha hecho que la ubicación final de la asignatura no haya salido hasta cinco minutos antes de la hora. Eso sí, después de haberme mandado a la otra punta. Pensaba que era la única en perderse, pero no ha sido así. Después de mi han llegado unos cuantos más. ¡Que no se diga! La asignatura tiene el atrayente título (por lo menos para mi) de: “What is cinema?” El desglose de los puntos centrales del curso me ha parecido muy interesante, de gran lucidez y de una visión sumamente completa de lo que significa el séptimo arte. Teatralidad; concepto de mass media; industria cinematográfica; teorías de cine; cine de autor; técnica y lenguaje cinematográfico frente a lenguaje narrativo; la diversidad cultural planetaria a través del cine; el papel del espectador; ficción frente a realidad… No seguiré aquí enumerando la cantidad de puntos que se pueden desprender del contenido de la asignatura. Podría aburriros soberanamente, lo sé. La tarea de tomar apuntes ha sido, algo complicada, pues si a la falta de práctica le sumo el tener que hacerlo en inglés… Os podéis imaginar la mezcla explosiva. Finalmente, y a pesar de las interferencias del sonido de un profesor que parece que es un culo inquieto y no deja de zapatear en la tarima de madera del aula, he llegado a la conclusión que lo mejor que podía hacer era tomar apuntes por contexto. Por eso lo del titulito de hoy…. Porque me encontraba finalmente en una clase de cine (durante la carrera me fue imposible cursar ninguna y lo poco que sé sobre el tema me lo he tenido que buscar yo solita o asistiendo de oyente a algunas asignaturas de mi facultad) pero sin poder saborear del todo lo que nos estaba contando el profesor. Y el jarrón de agua fría estaba por llegar. Os pongo en antecedentes con esto, especialmente a partir del minuto 5’26, con una espléndida Bette Davies, en el papel de Margo Channing.
Resulta que la asignatura cuenta también con dos “Teaching Assistants” o profesoras asistentes, como sería la traducción literal. Una de ellas, en el preciso momento en el que ha abierto la boca me ha recordado a la Davies, por eso el remember when a “All About Eve”. Salvando las distancias, eso sí, no tenía ni su gracia, ni su porte y ni mucho menos su elegancia. Se ha plantado en medio de la tarima, con unos tacones de vértigo y vociferando a pulmón lleno. Pero es que el "jarronazo" ha venido cuando tímidamente me he acercado a ella a preguntarle en qué grupo estaba inscrita para los seminarios. Me ha preguntado mi nombre, y como bien os podréis imaginar, me ha sido imposible “inglesizarlo”. Se me ha quedado mirando con cara de asco y me ha preguntado de dónde era y de qué carrera. Le he dicho que española, de la rama de Hispanic Studies, Erasmus, pero ya graduada. Para qué contaros como era su cara! De golpe me he sentido pequeñita pequeñita, estúpida hasta límites insospechados y como si tuviera que pedirle perdón a alguien por estar respirando. Me ha espetado en los morros, o por lo menos eso es lo que yo he entendido, que o me ponía las pilas en mejorar mi pronunciación y mi expresión en inglés, o la tendría encima durante todo el curso. Le he lanzado una mirada de socorro al profesor titular y me ha respondido con un inaudible “sorry”. De golpe la pseudo-Davies de poca monta se me ha quedado mirando y me ha preguntado que cómo siendo ya graduada estaba en su clase como estudiante Erasmus. Le he contado (nerviosa perdida ya) que era doctorante, y le ha cambiado la expresión del rostro. Cuando le he dicho el título de mi tesina he pasado a convertirme en ser vivo a tener en cuenta y al que se le puede perdonar la vida. Me ha sonreído abiertamente y ha cambiado el tono de voz. La muy hipócrita ha tenido la desfachatez de decirme que será un placer tenerme en su grupo de seminarios, y que espera que pueda participar muy activamente en los debates en clase. Yo hubiera deseado pisarle un poquito el cráneo, para qué engañaros. Me ha venido a la cabeza la fabulosa clase a la que asistí la semana pasada, en la que una profesora de lengua inglesa se convirtió en el hada madrina de nuestras autoestimas. “No os sintáis como una m… cuando alguien de esta ciudad os menosprecie por vuestro acento peculiar o por vuestra aún precaria forma de expresaros en inglés. Pensad para vuestros adentros que provenís de una esfera diferente, con un estupendo bagaje cultural, académico y personal, y que además, sois capaces de expresaros, a todos los niveles, en más de una lengua. Muchos de los que os encontraréis a lo largo de este años, solo hablan una, inglés, y además, la mayoría de las veces, ni tan siquiera saben escribirla correctamente”. He salido del fantástico edificio hecha una furia, maldiciendo a la pedante “teaching assistant” y repitiéndome una y otra vez para mis adentros “Emma, no eres estúpida. Emma, tienes igual o más estudios que esa pedante. Emma, te defiendes a la perfección en dos lenguas y con bastante fluidez en otras dos. Emma, si esa tía no sabe mirar más allá de sus narices, es su problema, No el tuyo”.
Tenía un par de posts preparados para esta semana (es lo que tiene estar de vacaciones y poder plantarte delante del ordenador tanto rato como quieras y en el momento que quieras) , pero algo curioso llegó a mis manos el pasado sábado. Resulta que en la dinámica del posgrado de la UNED, los estudiantes debemos dar nuestra opinión a diferentes preguntas de reflexión que se presentan semanalmente, y que van estrechamente ligadas a la temática de las lecciones que debemos estudiar cada semana. Dentro de una de las asignaturas, El componente sociocultural en la enseñanza del español como L2, y relacionada con la lección 4, “La dimensión itercultural en la didáctica de lenguas”, nos presentó una pregunta peculiar.
Queridos alumnos:
a través del documento adjunto se refleja la opinión y conocimientos que un grupo de estudiantes nortemericanos tiene sobre España. Imaginad que ellos son vuestros alumnos, ¿cómo aprovecharíais estas preguntas para trabajar con ellos teniendo en cuenta la perspectiva intercultural que se ha presentado en la lección? Nota: el documento ha sido proporcionado por un alumno del EXPERTO del año anterior que trabajaba en EEUU.
Un abrazo,
PREGUNTAS DE ALUMNOS DE SECUNDARIA EN EEUU (MAYO 2007) “LAKE FORREST HIGH SCHOOL” CHICAGO- ILLINOIS
¿Por qué España no toma posesión de Portugal? ¿Es Madrid un lugar seguro para vivir? ¿Que tipo de coches exóticos tiene España? ¿Hay personas que tienen dos coches? ¿Los niños en España tienen videojuegos? ¿Tienen bidet en las casas? ¿Ustedes tienen césped? ¿Qué países son enemigos de España? ¿Por qué España no tiene ejército? ¿Por qué les divierte matar toros? ¿Todo cierra durante el día para la siesta? ¿Asisten las personas a la universidad? ¿Hay monos en su pueblo? ¿Por qué les gusta la vida loca? ¿Por qué su familia todavía vive en España? ¿Por qué hay muchos ladrones en España? ¿Qué haces para mantenerte fresca durante el año con el clima tropical? ¿Por qué huele mal Madrid? ¿Es verdad que las frutas más grandes del mundo están en Galicia? ¿Por qué hay gente que vive en cuevas? ¿Por qué hay muchos pobres en España? Los españoles son cobardes porque no están en la guerra de Irak En España hay mucha gente pobre porque todo cuesta mucho Hay edificios muy bonitos, pero también burros y vacas por las calles
Os imagináis qué cara se me quedó a mi cuando leí todo esto y además se me “obligaba” a intentar justificar el porque de esto topicazos absolutamente incongruentes y como enmendar esta visión reduccionista de nuestro país, nuestra cultura, nuestra sociedad…. Os dejo aquí lo que humildemente he respondido esta misma mañana. Os advierto, es larguito, como ya empieza a ser una norma en mí, pero…. Es que, ¿qué habrías dicho vosotros ante tantas “lindeces” como nos lanzan esos monstruitos?
“Debe ser que mi inexperiencia como docente solo me deja pensar en las habilidades interculturales solo a medias, pues la primera reacción que tuve al leer estas preguntas este fin de semana, no negaré que fue de indignación. Algo que además se incrementa al venir de EE.UU, que no negaré me indignó algo más, pues nunca he escondido mi sentimiento abiertamente antiamericano. Pero es momento ni lugar para dar rienda suelta a explicar el porque de esta posición, para mí casi ideológica. Concepciones personales aparte, creo que la batería de preguntas presentada por esos “angelitos”, además de demostrar que la sociedad americana no mira más allá de su ombligo, también demuestra que los tópicos se convierten en algo generalizado cuando se desconoce una sociedad que no es la propia, y que distorsionan totalmente esta sociedad. El profesor de ELE, ante un grupo como este, primeramente debe armarse de mucha paciencia. Ante la aparición de aspectos como “clima tropical”, “monos en tu pueblo”, “burros y vacas por la calle”, creo que dejan bastante claro que para estos alumnos, España no está en el continente Europeo, sino seguramente en América del Sur. En realidad no me sorprende. Tuve un vecino que venía de Carolina del Sur, un chico de unos 18 años, que cuando vino a vivir aquí durante un par de años, no sabía que venía a Europa, y me contaba que cuando estaba en el avión, al ver que el vuelo duraba más de lo que él pensaba, preguntó a la azafata si ya habían pasado México y faltaba poco para aterrizar en España. Su sorpresa fue cuando la azafata le dijo que faltaban aún unas 8 horas de vuelo, porque tenían que cruzar el océano Atlántico. El muchacho no tenía ni idea de a donde iba a pasar los próximos 2 años, solo que se hablaba español y que ahí estaba viviendo un primo de su madre que le había ayudado a buscar plaza en una universidad para empezar sus estudios. En un caso como este, que me temo que es similar al que les ocurre a estos “angelitos”, creo que debería empezarse con una clase de geografía, presentando donde está la península Ibérica, pero por que no, haciéndolo extensible al resto de Europa y del mundo. Para empezar a hacerlos conscientes que el mapa del mundo no es solo los EE.UU. Teniendo en cuenta que son de secundaria, tampoco estaría mal impartir un par de clases de historia de España. Que tuvieran una visión general tanto de la historia contemporánea como pasada de España. De qué significó España en el pasado (el equivalente actual a sus “queridos” EE.UU), que posee una de las tradiciones culturales e históricas más ricas del mundo. Que fue cuna de una lengua y de una manera de entender la vida, que se remonta a muchos siglos en el pasado… En cuanto al resto… la verdad es que me siento verdaderamente desarmada a la hora de enfrentarme a preguntas del calibre de ¿Por qué hay muchos ladrones en España? Como explicarles a esos “angelitos” que España es precisamente uno de los países con menos delitos, a nivel mundial. Y nos lo preguntan ellos, que llevan armas como quien lleva un móvil en el bolsillo. O la de ¿Por qué les gusta la vida loca? Porque, lamentablemente, la “famosa” canción de Ricky Martin ha hecho mucho mal creando estereotipos absolutamente falsos. O la que para mi se lleva la palma (claro que el resto no tiene desperdicio) es la de ¿Qué países son enemigos de España? Qué decir a algo como esto, que evidentemente está connotado políticamente, y además desde una postura absolutamente conservadora e imperialista.
Creo que la mejor manera para romper todos estos tópicos bastante anquilosados y connotados que se tienen sobre la sociedad española, sería a través de ejercicios prácticos en el aula. Optaría por presentar textos descriptivos en los que por ejemplo, se describiera la rutina diaria que puede llevar a cabo cualquiera de nosotros. El apoyo en material audiovisual (vídeos, fotografías…) creo que sería de gran ayuda. Pienso por ejemplo en presentar fotos de nuestra propia casa en España, para “ejemplificar” que tenemos bidet, videojuegos, ordenadores… Creo además, que el mejor ejemplo para romper todos esos topicazos, somos nosotros mismos. Nuestra propia experiencia, y la evidencia de que en España “sí se va a la universidad”, entre muchas otras cosas. Lamento profundamente no poder plantear una alternativa más ilustrativa a una situación como esta, pero como ya he dicho al principio, se une mi inexperiencia como docente y mi poco más que animadversión a la sociedad americana. Aunque sé y admito que eso no debe entorpecer nuestra labor como docentes, creo que sí entorpecería y mucho, el hecho de que alguna vez me decidiera lanzarme a la aventura americana y cruzar el charco para intentar culturizar a los que se autodenominan “vigilantes del mundo libre”. Es una opinión absolutamente personal y seguramente connotada, pero… es eso, una opinión.”
No es podéis imaginar lo “descansaíta” que me he quedado, claro que como ha dicho mi padre cuando le he leído el texto para preguntarle si le parecía demasiado “bestia”, se me ha visto el plumero y queda bastante claro qué pienso de los americanos. A menos que conozca a alguno (además de al vecinito, que la verdad tampoco traté demasiado) que me demuestre lo contrario, seguiré pensando lo mismo de ellos……
Ayer mi kioskera (jolines, esto se escribe así?) estaba cabreada. Mu’ cabreada. Bueno, la verdad es que no es nada nuevo en ella. La buena mujer tiene un carácter especial, por no decir un poco raro, pero vaya, resulta que esta vez creo que tenía un poco de razón. Pero claro, en alguien que cada vez que vas te suelta que está hasta las narices, pues como que una queja más no te sorprende. Un día vas a por tu periódico y te suelta una parrafada de que está negra con la distribuidora de La Vanguardia, que llevan 4 días sin llevarle todos los ejemplares que necesita para todos los suscriptores; otro día que si ha guardado no sé cuantos El País y al final del día sus “dueños” no se los han pasado a recoger; que si empiezan a hacer colecciones y luego las editoriales dejan colgada a la gente y ella se lleva las reprimendas…. Vaya, un panorama en el mundo de la prensa y el Kiosko de este país que para qué contaros… Pero hay que reconocer que el cabreo con el que me recibió ayer por la mañana, tenía toda la razón de ser. Resulta que mi kioskera no tiene un kiosko al uso. Es decir, de esos que parecen una seta en medio de una plaza o una avenida ancha, con las paredes de cristal y forrado con las portadas de las revistas. El kiosko de mi kioskera en una tienda pequeñita, que cuando entras tienes que bajar un escalón. A lado y lado las paredes están llenas de estanterías, y en frente, al fondo un pequeño mostrador. La verdad es que no es muy grande, y su limitación de espacio es lo que más nerviosa pone a su dueña. No es que no haya sitio para todo, pero es que los “malditos coleccionables”, como los llama ella, están poniendo el peligro el poder moverse con relativa soltura dentro del pequeño establecimiento. La fiebre de las colecciones empieza en octubre. Los calores veraniegos se han terminado, los niños ya están de vuelta en la escuela, y hay gente que se aburre como una ostra en su casa. Estos son los clientes potenciales para tan (a mi criterio), infame derroche de energía y dinero. ¡Pero por el amor de Dios! ¡A quién se le ocurre hacer una colección de gatitos de porcelana! ¡Y de piedras del mundo! ¡Y de plumas para escribir! ¡Y de coches en miniatura! Pero si al final te acaba costando una puñetera pasta, te ocupa un montón de espacio, se te llena estúpidamente de polvo, y lo más importante de todo: ¡no sirve para absolutamente nada! Nunca entenderé esa afición por ciertos individuos por coleccionar, o más bien, “amontonar” objetos inservibles sin ninguna causa o motivo aparente. Y creo que es lo mismo que piensa mi kioskera, pero en este caso, más cabreada aún por lo que para su negocio significa. La tienda se le llena de trastos inservibles, a lo que se le suma los “regalos” de algunas revistas de moda y los inevitables coleccionables de los periódicos. Pero en qué país, si no es este, se nos acudiría regalar (eufemismo bajo el que se esconde la máxima: tienes que comprar el periódico toda la pu… semana para guardar un coñazo de vales que luego tienes que cambiar por el regalo en cuestión por el que además tienes que volver a “apoquinar” más pasta). Este es el tema. Ayer, la buena mujer, estaba que se subía por las paredes. Eran las diez de la mañana, bastante prontito para ser domingo, y servidora tenía que ir a trabajar (porque soy una pringada y trabajo los fines de semana, un día os contaré donde). Me llegué a buscar el periódico, y me la encontré todo atareada, y echando sapos y culebras por la boca. Le acababan de traer una montaña de coleccionables, y eso unido a los mil y un regalos que te dan los periódicos los fines de semana, tenía una pinta bastante desquiciante. La buena señora con los albaranes en la mano, haciéndose un verdadero lío con los cacharros y cacharritos que tenía esparcidos por el mostrador. Que si libros de no sé qué autor; que si piedrascas de no sé que narices de colección; que si “crea tu propio collar con abalorios”; que si los cubiertos de “menganito” con el periódico tal…. Un follón….. Madre mía que follón! Y con toda la razón del mundo! Yo me pregunto si en todos los países europeos pasa lo mismo. Porque una cosa es que un periódico te regale un libro o un dvd, pero que te puedas hacer con una bajilla diseñada por Ferrán Adrià! Eso es de juzgado de guardia!