viernes

TOC TOOOOC, HAY ALGUIEN AHÍ???

Me da un poco de vergüenza sacar la cabeza por aquí después de tanto tiempo. Si algunos me lanzáis los leones al cuello reconozco que me lo tengo bien merecido.

Si queridos mios, sigo aquí, en Londres. Después de casi ocho meses de mi llegada. Y las cosas han cambiado bastante. Llegué sola y echa un manojo de nervios. Ahora ya no me pongo frenética cuando tengo que ir a algún sito donde no he estado nunca, o cuando tengo que acercarme a la ventanilla de correos a preguntar como mandar un paquete cargado de libros a España.

Ya no estoy sola. Porque alguien que apareció por casualidad hace ya unos cuantos meses está a mi lado y se ha convertido en una de las mejores cosas que me han pasado desde hace mucho tiempo. Alguien que poco a poco me ha ido enseñando como se vive y se piensa en esta ciudad. Que a pesar de que somos muy diferentes, podemos encontrar puntos en común. Que puedes llegar a intersarte por alguien o por algo a pesar que sea muy diferente a ti o a lo que has estado acostumbrada durante muchos años.

Este iba a ser mi último mes en Londres. Eso iba a ser así en setiembre, cuando llegué al centro de esta urbe, sola, asustada, cansada y con una maleta que me estaba matando. Pero ya no va a ser, porque la vida da vueltas a mil por hora y de la noche a la mañana tus "planes" cambian. De momento seguiré aquí durante unos meses más, a ver si el sueño londinense sigue por buen camino y no tengo que volverme a casa con el rabo no demasiado entre las patas.

Pero esta vez, la aventura londinense ya no será en solitario...

lunes

YA LLEGÓ...

El cumpleaños. O más exactamente, algo así como “mensuario”. Concretamente 6. Bueno, en realidad 6 meses y 3 días. Cosas de la rutina, que al final el viernes me lié con otras cosas y no tuve tiempo para redactar el post.

Pues eso, 183 días ya en la gran Londres. 183 días en los que mi vida ha cambiado, diría yo, que por completo. Es lo que tienen los viajes. Que una vez estás sumergida en ellos, para bien o para mal, te cambian para ya no dejarte ser nunca más la que eras antes. Recuerdo el famoso día D. Un viernes por la tarde, a eso de las cinco, con el metro de bote en bote y yo cargada con una maleta que era casi más grande que yo.

Aún recuerdo la sensación de casi pánico histérico que sentí la primera noche en el hotel. No hacía más que oír sirenas de ambulancias y coches de policía, arriba y abajo , por la avenida enfrente de donde me hospedaba.

Con el paso de los meses (y viviendo ahora solo a 200 metros de donde pasé la primera noche) me he dado cuenta de que las sirenas y el murmullo del metro que pasa por debajo de mi piso, ya no me molestan a la hora de dormirme por las noches…

Seis meses en los que estoy aprendiendo a moverme con bastante soltura por una ciudad enorme, que no se parece ni remotamente a nada de lo que había conocido hasta el momento. En la que estoy conociendo a gente que me ha cambiado la vida. Gente a la que conoces por casualidad y que serán parte de ti para siempre. En el pasado o en el futuro. Porque eres protagonista en primera persona de momentos que guardarás en tu memoria, más allá de las imágenes captadas con la cámara…

viernes

SE HA IDO...

Era previsible. En casa se hablaba del tema desde hacía mucho tiempo, pero nunca nos lo tomábamos muy en serio. Que si es ley de vida. Que si tarde o temprano llegará el momento. Que si tenemos que prepararnos… Pero nunca te acabas haciendo a la idea del todo.

Pero sí, el momento llegó. El miércoles. No sé exactamente a qué hora. No he querido ni podido preguntarle más a mi madre. Solo sé que nos dejó para no volver. Que con las caricias de mis padres que no lo dejaron solito ni un momento, y con una inyección que lo sedó sin hacerlo sufrir, se quedó dormidito para siempre.

Era el más pequeñín de la casa. El más “follonero” y alegre. El que siempre estaba ahí a tu lado. Cuando estabas contenta y cuando rutina se derrumbaba un poquito. El que sin mediar palabra era capaz de darte un mundo entero a cambio. El que te miraba directamente a los ojos y te hacía creer por un momento que tú eras su único dios en esta tierra.

Nunca nos olvidaremos de ti. Nunca podremos borrar de nuestras memorias los maravillosos momentos que nos has regalado durante los quince años que has estado en nuestras vidas. Contigo hemos aprendido a ser mejores personas. Y lo hiciste dándonoslo todo, sin pedir nada a cambio. Y no te apenes. Nuestras lágrimas son de tristeza. De dolor. Por no tenerte ya con nosotros. Porque llegaste sin avisar, casi sin querer. Y te has ido también casi sin avisar, sin querer. Como lo hacen todas las cosas grandes e importantes que te suceden en la vida.

Descansa en paz amigo mío…

jueves

DE PRONUNCIACIONES

Los que me conocen saben de mi predilección por el inglés con acento británico. Los que lo saben, también os asegurarán que soy bastante fan de las películas british en versión original. Si eso es una manía, un gusto desmesurado, una filia incomprensible o simplemente un capricho, no estoy tan segura de tener respuesta.

El caso es que a mi padre le salí “rarita”, eso es innegable. “Rarita” porque sigue sin explicarse como una mediterránea como yo, orgullosa de serlo y además, hasta las trancas, siente predilección por ese acento que él llama “aplatanao”. Porque como dice, suena todo igual, con un tono de voz monótono y repetitivo.

No sabe mi señor padre que eso viene marcado por las diferencias tan marcadas que existen entre las lenguas: tonal el inglés, silábica el español. Fácil de decir, mucho. Pero difícil de asimilar en la práctica. Pues cuando intentas mantener una conversación en inglés, no tan solo tienes que acertar con la gramática y el vocabulario, sino también en la entonación que le das a tu discurso. Amigos míos, eso es lo más difícil. Sobretodo si al hablar en tu propia lengua eres tan expresiva (y algo exagerada, porque negarlo) como lo es servidora. Tener que reprimirte y hablar comedidamente, se convierte en un esfuerzo a veces considerable.

Y cuando tu inglés se cruza con un british, puedes tener o no la suerte de tu parte. O habla ese inglés que tú entiendes casi a la perfección: el de las películas típicamente inglesas, o te das con un canto en los dientes porque de cuatro palabras que salen de su boca solo entiendes una y media. Vaya, de esos que cuando hablan casi no abren la boquita. Y ahí vuelvo a acordarme de mi progenitor. No le negaré que tiene toda la razón del mundo. Hablan “raro”.

Si una cosa nos dificulta a los no nativos, el aprendizaje de la lengua del Bardo es que, nunca entenderé porque, casi ni abren la boca al hablar. Evidentemente existen las diferencias fonéticas (y muchas) entre el inglés y es español, pero juer… Estoy segura que si se metieran una galleta entre los dientes a la hora de hablar, casi seguro que ni tan siquiera la romperían.

Pero parece que en lo que llevo en la Pérfida, la que igual tiene que darse con un canto en los dientes con su pronunciación “se moi”. Al poco de estar en la ciudad, la partenaire de un amigo alabó mi dicción. ¡Bien! Un punto más para mi autoestima. El pasado sábado, un londoner de pura cepa, después de pasarme casi cuatro horas charlando con él y otra amiga española, me soltó lo de “You have to be very proud. Your English is really amazing” (o lo que es lo mismo “Tienes que estar muy orgullosa porque tu inglés es realmente bueno”). Dos “minipuntos” para mi vanidad. Y el otro vino el pasado martes, charlando con una chica polaca y otra brasileña criada y educada en Estados Unidos. “¿Cómo lo haces para tener una pronunciación tan pulida, siendo española?”. Eso me espetaron en los morros a los diez minutos de estar charlando con ellas en un pasillo de la facultad, esperando entrar al aula.

No tengo la menor idea. Si me pinchan para sonsacarme la información, estoy segura que no me sale ni una gotita de sangre. Será que soy rara de narices (que me da a mi que eso va a ser) y que con la coña de querer imitar el acento de las películas que me ponía en versión original en casa, se me ha pegado algo de estos British. Claro que las lagunas con la gramática y el vocabulario siguen ahí… Merodeando por el subconsciente y mareando la perdiz para que no consiga sentirme segura del todo hablando la lengua del Bardo. Pero una cosa me digo yo para mis adentros cada vez que me encallo en algo…”Si una americana sureña pudo imitar el acento british para encarnar a la más british de las neuróticas de la década de los noventa, esta menda también lo conseguirá tarde o temprano”. Quien no persigue un sueño vive sumido en la monotonía. Eso es así aquí y en la China.

Ahí os dejo una de las pruevas del delito. Mi Biblia particular para encarrilar la “English pronunciation”.



PD: Creo haber encontrado una respuesta a la pregunta sobre mi pronunciación. Respuesta que comparto con otros catalanes. Un día os la contaré……

domingo

MI ZONA PREFERIDA DE LA CIUDAD

En el Southbank, a orillas del Thames, los paseos siempre son agradables. De noche, de día, con sol, con cielo nublado... Es mi zona preferida de la ciudad. De los tres meses que llevo ya aquí es en la zona que más veces he estado. Sola, acompañada, siendo guiada, siendo yo la guía... De lo mejorcito para perderse un rato. Claro que seguro también lo es para muchos otros londinense. ¿Quién se puede resistir a su encanto? La verdad es que cuesta.


Foto tomada ayer, sobre las seis de la tarde, en uno de los muchos puentes que cruzan el río. En buena compañía. Muchas risas, mucha alegría contagiosa, muchas anécdotas nostálgicas pero tocadas por la alegría de quien se siente contento de estar donde está.
Os debo muchas fotos, y unas cuantas anécdotas, lo sé. Pero esta semana que me queda, antes de volverme para casa a pasar las navidades, va a ser algo movidita. Todo eso tendrá que esperar a cuando aterrize de nuevo en tierras españolas, y pueda ordenarlo todo envuelta en la tranquilidad de casa... No lo olvido.

EL SOL...

Va a empezar a escasear en esta ciudad. Primer día del cambio de hora y a las 17'30 ya estaba anocheciendo. A partir de ahora los días van a ser muuucho más cortitos. No hay vuelta atrás. O acostumbrarse o morir en el intento...

Revisando las fotos que tengo de mis ya seis semanas en esta urbe, he encontrado estas que aún no os había enseñado. Se me han puesto los dientes largos! Son de hace un par de fines de semana, con un sol espectacular, paseando por el Soutbank con mi gurú londinense.




Claro, que ahora que lo pienso... ¿A quién se le pone los dientes más largos de ver estas fotos? :)

martes

NO HE MUTADO

Hoy he recibido varios mails y charlas de messenger de alguna de mi gente. Me preguntan como estoy. Si como bien. Si duermo bien. Como llevo los horarios. Si estoy tranquila enmedio de tanto torbellino.

Sigo siendo la misma. Por lo menos por fuera. Tranquilos no he mutado. Sigo siendo bajita, algo rellenita (espero que por poco ;)), con el pelo corto y tan risueña y parlanchina como siempre.

Y para que os quedéis tranquilos y creáis mis palabras, os dejo esta "afoto". Me la sacó mi querido S el pasado domingo. No quiero presumir, peeero.... me veo hasta un poco bella en ella. (Leches! me ha salido con rima y todo).

Ala, tranquilos. Que el proceso de mutación no ha empezado. Todavía...jjijiji


domingo

LAS AVENTURAS LLEGAN EN DOMINGO

A eso de las 6 de la mañana, me he despertado. No llevaba ni cuatro horas en la cama. Ayer quedé con A, y estuvimos un buen rato charlando. Fiel a mi condición de bebedora de té, me tragué dos tazas de Earl Grey hasta los topes. Y para rematar la faena, un rato después, una Coca-cola.
Hacía años que no me quitaban el sueño, pero ayer a las dos de la mañana tenía los ojos como platos, y tuve que recurrir a la siempre socorrida estrategia de la lectura en la cama. Solo así conseguí caer dormida.
Mister, la próxima vez que quedemos, si la rutina furiosamente acelerada de esta ciudad nos lo permite, recuérdame que no mezcle esas dos bebidas.

Pues al final, y con mucho esfuerzo, he puesto los pies en el suelo alrededor de las diez. He corrido la cortina y estaba cayendo un chaparrón monumental.
Me han asaltado todas las dudas, porque había quedado con mi querido Sirventés y ante tal panorama…. Pero la propuesta ha seguido en marcha. Lo malo es que, moverte por Londres, en día de lluvia, he descubierto en mis propias carnes, que no es nada sencillo.

He salido de casa a las once y veinte, con la firme voluntad de no llegar tarde como la última vez que quedamos. Ilusa de mí! Al llegar a la boca del metro me he encontrado una chica muy amable, que me ha dicho…”Lo sentimos mucho, el agua ha obligado a cerrar esta estación. Si quieres ir a Liverpool Street tendrás que coger el bus número 8".
Yo y los buses aún no somos muy amigos, la verdad. Tanto es así, que he terminado cogiendo el correcto, pera en la dirección opuesta hacia donde quería llegar yo. Menos mal que me ha dado por preguntar a otro pasajero, si no… He bajado, he cruzado la calle y he esperado a que llegara el próximo en la dirección correcta.

Quince minutos de trayecto y finalmente he llegado a la estación. He tenido que cruzar toodo el hall a contra dirección. ¿Como si yo fuera un barco de esos que se mueven en la Antártica, rompiendo los cachos de hielo?… Pues así… Y lo más curioso del caso es que me he dado cuenta que la gente me iba siguiendo! Por un momento, me he sentido líder del movimiento “los que llegamos tarde en un domingo de lluvia y tenemos que cruzar esta estación tan enorme”.
Un par de trasbordos y finalmente he llegado a destino. La National Portrait Gallery. La meteorología ha obligado que cambiáramos la ruta. Claro que… en realidad tampoco tengo muy clara qué ruta tenía preparada Sirventés…

Si algo tiene bueno ir con alguien que conoce la ciudad, es que puedes poner el piloto automático en cuanto a sentido de la orientación se refiere, y dejarte llevar. La visita se acaba convirtiendo en un paseo mucho más agradable, sin tener que estar pendiente de en qué calle te estás metiendo.
Ahora ya puedo morirme tranquila. He visto en vivo y en directo este retrato…

Y en frente del museo, sin saber exactamente qué hacían allí, ni porque iban vestidos de esa guisa, un grupo tal como así…

Las cosas que tiene esta ciudad. Que como te pille sin la cámara en las manos, te pierdes momentos tan pintorescos como éste.

Hemos salido de allí, andando tranquilamente bajo un lluvia fina y persistente, y hemos llegado hasta Covent Garden.
Un antiguo mercado de abastos, reconvertido en un espacio entre bohemio y de nuevas tendencias. Un espacio cubierto, con un estilo muy mediterráneo y donde al parecer, y según me ha comentado mi gurú londinense, es donde antiguamente se inauguraba la temporada de las manzanas. De ahí eses letrerito tan mono que aparece en la foto.

Hemos seguido paseando y hemos llegado a un espacio como éste…


Por un momento me he sentido como si no estuviera en medio de Londres.
Claro que lo que le ha sucedido después, tampoco denotaba que estuviera donde estaba…


Y al igual que la semana pasada, paseando por Brick Lane y ver los rótulos de las calles rotuladas con una caligrafía algo extraña para mí, hoy he vuelto a ver lo mismo, esta vez, con los ideogramas chinos.


Pero lo mejor estaba por llegar… Y como siempre, amigos míos, referente a las cosas del buen comer… Ha llegado H, la otra mitad de Un Mundo Perplejo, y nos hemos puesto las botas. O si no… Juzgad vosotros mismos esta mesa…



Sé de una que se le tienen que estar poniendo los dientes más largos…. (¿A que sí mi niña?)
Y para rematar la faena y hacer que la aventura haya sido más completita, me he metido de espectadora alucinada en una tienda única y exclusivamente de productos orientales.


Reconozco que la foto no es ninguna maravilla, ni retrata fielmente la cantidad de cosas sorprendentes que allí había, pero… Como ya os he dicho otras veces, tengo poca vergüenza, pero no tanta como para dedicarme a echar fotos bajo riesgo de salir chamuscada por una buena regañina.

La vuelta a casa ha sido algo más sencilla, pero no por eso menos accidentada. Mi parada de metro más cercana seguía cerrada, y he tenido que desplazarme otra vez en los caóticos buses rojos.

Pero el día ha valido la pena. Mucho. Sobretodo porque H me ha dicho algo que me ha hecho mucha ilusión: “Pues tu acento es verdaderamente bueno”.
Dios! Yo nerviosa perdía por mantener mi primera conversación más o menos larga solo en inglés y justo al comenzar me suelta ese piropazo… Con eso y el retrato de don William Shakespeare, voy a dormir yo hoy más ancha que un ocho…

miércoles

UN MIÉRCOLES CON FERNANDO

Como no podía ser de otra manera en esta ciudad, esta mañana se ha despertado lloviendo. Bueno en realidad con ese “meamea” tan característico, que unido a la neblina que aquí debe ser monumento nacional, le da al día un tono gris y de invierno.
Ha llegado el paquete que esperaba. Meme se ha portado como una campeona y me lo han traído hasta la misma residencia. Tener que cargar con quince quilos, con los más de cuarenta que ya cargué hace diez días, ya iba a ser demasiado para el cuerpo.
Por fin tengo conmigo mis deseadas novelas de John Irving. Con la prisa que me di en pedirlos, y al final no pude meterlos en la maleta. La caja también estaba rellenita con mis gramáticas, mis apuntes de la tesina y las reseñas de bibliografía. Además, otro trocito de mi armario, que fue imposible meter en el maletón.
El día no acompañaba, pero no era plan salir echa unos zorros. Ya tuve bastante con la noche del martes que pensaba que no conseguiría bajarme la fiebre de ninguna manera. No me he calzado tacones porque todavía no tengo ningunos aquí, pero… Todo se andará. De momento me he quedado con mis zapatos rojos. Yo siempre tan discreta con los colores….
Eso sí, señoras y señores, definitivamente he recuperado el maquillaje negro para los ojos.

Hacía ya mucho tiempo que lo tenía desterrado, pero este vuelve a ser mi momento. Como decía aquella cantante “yo siempre tan discreta, arreglá pero informal”.
Hoy el día ha sido de matrimonio. Totalmente. Mi amigo Fernando y yo nos hemos pasado el día entero juntos. Por la mañana visita al hospital del ordenata… Sí, se le ha puesto malito y eso aquí es poco más que una tragedia. Hemos llegado ya a un punto en el que no se sabe si somos usuarios de la tecnología o directamente esclavos de ella. Con un poco de suerte y en el appointment del domingo, todo se solucionará.
De camino a la facultad nos hemos encontrado con esto…

Yo no había visto nunca un cine donde las películas se anunciaran así. Es que ni en el antiguo cine de mi pueblo, que no existe desde hace por lo menos quince años, anunciaban las películas de esta manera. Me da a mi que estos ingleses, tan modernos tan modernos tampoco son...
La facultad, con su torbellino característico. Miles de caras diferentes, vestimentas, acentos, edades, nacionalidades… Una verdadera torre de babel en un campus laberíntico. Para perderse como llegues por la mañana un poco adormilada.
Y la típica comida inglesa, a las doce y media del mediodía, con un simple sándwich, aquí tan en boga. Qué hartar de reír nos hemos dado al ver la hora que era. Ni nosotros nos lo podíamos creer. A la una del mediodía y ya habíamos terminado de comer. Parece mentira lo que hacen las costumbres. Aquí comemos a las doce, cuando en España, a esa hora estás por el segundo café de la mañana, y si me apuras mucho y tienes aún un poco de hambre, con un mini de queso calentito.
Pero no os penséis que hemos desaprovechado la visita a la cafetería del campus. Eso nunca!


Aquí tan aplicada, intentando entender la dichosa ficha para que te manden la tarjeta mensual del metro con un treinta por ciento de descuento. De algo tenía que servir que sea otra vez estudiante universitaria, ¿no?
Cuando vi en el formulario “+18 full time-student” por poco me atraganto con la risotada que me entró. Tengo ya unos cuantos más que 18, estaría bueno ahora que tuviera que adjuntar también una fotocopia del pasaporte.


Y ya de vuelta a casa, depués de pasarnos por el super, nos hemos encontrado con una invitación que ha sido inevitable rechazar. O es que... ¿Quién se resiste a algo como eso? Además armados con una botella de vino como íbamos?

Lo que hacen los equívocos entre lenguas... Seguro que para los inglesitos esto significa otra cosa... Pero servidora no estaba hoy como para ponerse a buscar en el diccionario... Si alguien me hecha un cable, se lo agradeceré.

Y la diversión que nos esperaba no era otra que…

Esa tarea tan sencilla pero que en un país con una climatología tan puñetera, por no decir otra palabrota, y donde además nuestro espacio vital se recude a una triste habitación de residencia universitaria, se convierte en una gran aventura. Si no me creéis. Fijaros en esto...

Y así termina una...

Tonta perdía y con la neurona algo histérica, pensando en cómo narices conseguirás que se te seque toda la ropa y que no tengas que vestirte con lo primero que pilles en el mercadillo del barrio.
Y después de la dura jornada londinense, qué mejor para reponer fuerzas que una buena cena... Vaya, la típica de todo estudiante que se precie (que para eso he dejado de formar parte del grupo social de los currantes, para volver a ser estudiante!)

Vaya... Un día en pareja con todas las de la ley. Y como ha dicho Fernando: "Solo nos falta que metamos los niños en la cama y que nos tumbemos en la cama a leer el periódico". Claro que..., si su novio se entera, que nuestro día ha sido de matrimonio bien avenido, no creo yo que se lo tome con mucha guasa...