jueves

RETAZOS III

  • Levantarte por la mañana, en pleno East End londinense, con el canto de los pájaros y los rayos del sol que se cuelan por debajo de la cortina opaca de tu ventana. En el fondo, eres una privilegiada.
  • Ir caminando hasta la facultad, en un agradable paseo de apenas 20 minutos, medio reconvertida en londinense. Con un café con leche calentito en una mano y escuchando mi música preferida en el ipod.
  • Comprobar una vez mas que las inglesas rien “raro”. Que empiezan con una risita tonta, y terminan soltando un verdadero alarido nervioso, escandaloso y perfectamente audible a muchos metros de distancia.
  • Sentir que por fin, la dichosa gripe que te ha tenido viviendo solo a medias durante los últimos quinze dias, se va y te libra de su mano oscura. Darte cuenta también, que cuando estás lejos de una cara conocida y querida, estar pocha es una gran p***
  • Ver cómo, asombrosamente, las cosas puedes cambiar mucho, muchisímo, de la noche a la mañana. Que cuando menos te lo esperas algo aparece en medio de tu camino y puede darle un nuevo giro a tu vida.
  • Rebuscar por ese gran amigo que es Youtube y encontrar una de las canciones que siguen poniéndome las carnes de gallina cuando la escuchas. Nunca pasaran los años para la Reina...




PD: otros retazos... I y II

lunes

YA ESTABA TARDANDO MUCHO

Ya iba siendo hora actualizar esto. Que me da hasta vergüenza abrir todos los días el blog y ver la misma entrada desde el día 10. Llevo ya casi 15 días en la Pérfida, después de las vacaciones de navidad, y las novedades se han sucedido bastante vertiginosamente.

Pues nada ahí vamos.

Por fin encontré piso nuevo, en el mismo barrio donde vivo ahora, pero con la ventaja que está a 200 metros de la boca del metro y a 250 del bus que me deja al ladito de la universidad. El fin de semana que viene ya estaré instaladita en mi nueva room. Algo más pequeña que la que tengo ahora en la universidad, pero muy cuca y acogedora. ¿Qué más se puede pedir verdad?

La semana pasada empecé las nuevas asignaturas en la facultad, y aunque reconozco que me van a dar mucho trabajo con infinidad de lecturas, la primera impresión es muy buena la verdad.
Una sobre cine (que ya cursé el primer semestre, pero que ahora ha cambiado de profesor y ha resultado ser un encanta de mujer, además de una excelente comunicadora); otra sobre literatura comparada que me va a exigir muchas horas de lectura, me lo veo venir; y otra sobre Londres y su representación a través de la literatura, el cine y la pintura desde el siglo XIX hasta los primeros años del XXI.
Vaya, que como siempre, me acabo liando y cogiendo asignaturas de enjundia. Como cuando estudiaba la carrera en España. Si es que a ratos parece que soy algo “masoca” para qué negarlo. Pero bueno. Ya no me puedo echar para atrás y tendré que “afrontar al toro” lo mejor posible.

En general la vuelta a la ciudad ha sido relativamente tranquila. Más de lo que me imaginaba. Eso sí, un momento de crisis inicial no me lo pude ahorrar. Pasarte tres semanas en casa, volviendo al “origen” hace que te des cuenta de lo que “tienes que pagar” para estar donde estas. Pasas de estar rodeada de gente a estar sola de nuevo. Teniéndote a ti misma casi como única compañía para hacerlo todo e ir a todas partes. Creedme, es “chungo, mu chungo”.

Pero no nos vamos a dejar vencer por los malos momentos no? Mal andaría el patio si lo hiciéramos. Como le dije a un amigo estando aún en casa, hay que intentar "no sucumbir a la apatía y a sus rémoras", a lo que él muy inteligentemente me corrigió "vencer a la apatía y sus rémoras". Pues eso. Que en ello estoy. A ver si saco mi cabezonería de serie y lo cumplo.

No os vayáis muy lejos. Prometo estar de vuelta prontito….

martes

INTENTAR EVITARLO

Los tiempos en que una buena nota servía para alegrarte el día, parece que ya han pasado a la historia. Hoy me han dado un notable alto, casi excelente y me he quedado igual. La verdad es que me interesa poco la nota. Me hago mayor? O es que eso le pasa a todo el mundo que lleva casi media vida estudiando?

Hoy los ánimos están un poco bajos. Hoy me he dejado llevar por mi cara más “pachanguera” y escucho esta canción sin parar. A ver si me alegra un poco el día y se despejan las nuves que se pasean por mi mente. Por lo menos, intento evitar que acaben por invadirme por completo...


jueves

FALTA DE INSPIRACIÓN

Eso es lo que me pasa últimamente a la hora de plantarme delante de la pantalla del portátil e intentar explicaros alguna novedad.

Tampoco es que haya sucedido nada espectacular ni del otro mundo, pero desde el pasado viernes si que he estado en varios sitios de los que me gustaría mostraros fotos. Pero estoy como saturada. Será que el agobio que poco a poco se está apoderando de mi. El agobio de la inminente llegada de los essays finales antes de volverme a casa por vacaciones, me está alterando un poquito.

Y no solo eso… También el saber que cuando vuelva tengo solo tres semanas justas antes de que se me acabe el contrato de la residencia y me quede literalmente de “patitas en la calle”. Será que llevo unos días demasiado embotada con las dichosas lecturas de bibliografía, pero, la verdad es que veo las cosas de un color no demasiado cercano a la gama de los blancos.

Pero todo no iban a ser risas y buenos momentos ¿no? Esta tarde he estado hablando con un profesor catalán que da clases en mi facultad, y me ha dicho algo que me ha encantado: “Las cosas vienen sin que las busques. Hay que dejarlas fluir. Ya verás que lo solucionarás todo, y sobretodo, que lo habrás echo tú solita y a muchos kilómetros de distancia de la tierra que te vio nacer”.

Me quedo con eso. Por lo menos me alimenta un poco el espíritu. Ese espíritu que lleva unos días un poco cansado y maltrecho.

lunes

LA CRIATURA CUMPLE UN MES

Soy madre primeriza. Estoy empezando a asimilar como hay que cambiarle los pañales, los horarios de las comidas, como manejar el cochecito por las calles… Pero es evidente que aún falta mucho para conseguir que el bebeno se pueda medio valer por sí mismo y no tenga que estar yo ahí detrás todo el día.

Os pensaréis que me he vuelto loca. Algo más de lo que estaba sí, pero no tanto como para imaginarme que he parido sin haber estado ni tan siquiera preñada. Pero es que hoy se cumple un mes exacto de mi llegada a esta ciudad. Hoy hace un mes empecé “esto” que de momento no sé hasta donde me llevará.

Han pasado muchas cosas. He conocido a mucha gente. He empezado a sentirme hormiguita de este gran hormiguero que es Londres. He tenido que enfrentarme a alguna que otra situación que no creía que volvería a ocurrirme. Pero lo que se está convirtiendo en lo más valioso que estoy cosechando aquí es que me estoy dando cuenta que, con fuerza de voluntad, seguridad en una misma y muchas, pero que muchas agallas, se puede conseguir lo que te propones.

Pero lo más curioso del caso es que me siento tranquila. Sin ese barullo de nervios en el estómago que hace unos años (y en realidad desde la adolescencia), me han atenazado la voluntad y han hecho que me retraiga en muchas cosas. Me sonrío a mí misma, viéndome caminar con decisión por las grandes calles de la ciudad. Cogiendo el metro y el bus cada vez con más soltura. Y sentir ese repelús en la nuca cuando me planto delante de algún lugar que he visitado miles de veces mentalmente y al que por fin me planto en carne y hueso.

No os negaré que los primeros días fueron difíciles. Mucho. Las lágrimas corrían por mis mejillas a la primera de cambio. Me sentía sola. Perdida en medio de tanta gente. Preguntándome qué hacía yo aquí, dejando toda mi vida y mi gente a unos cuantos cientos de kilómetros.

No puedo jurar y perjurar que esos momentos hayan acabado aún. Hay algunas veces en las que lo mandarías todo a freír espárragos y volverías a tu rutina conocida y segura. Pero te das cuenta que estás en el primer vagón de la locomotora. Que está empezando a coger velocidad y que ya que por fin has conseguido subir a él, no vas a permitir que nada te obligue a bajar de él. Por lo menos, nada que se pueda solucionar con paciencia, esfuerzo y perseverancia.

Estoy de “mensuario” con un resfriado considerable. Con la cabeza como un bombo cada vez que tengo que romperme los cuernos para expresarme en inglés. Y con un artículo sobre política inglesa que me está apretando el culete esta noche… Imaginaos si está la cosa tranquila como para poder permitirse el lujo de dormirse en los laureles.

Y como diría si esto fuera una función de teatro - cabaret: “Señoras y señores. El espectáculo no ha hecho más que comenzar. Tomen asiento, porque la historia que van a presenciar, puede que les cambie la vida”.

martes

LO INEFABLE DEL LENGUAJE

Según el DRAE, inefable: Del lat. ineffabĭlis, indecible). 1. adj. Que no se puede explicar con palabras.
Y si apuramos un poco más y buscamos una definición algo más extensa, nos aparece esto: Que no puede ser dicho, explicado o descrito con palabras, generalmente por tener cualidades excelsas o por se muy sutil o difuso.
Bueno, pues resulta que cosas excelsas tampoco es que me estén asaltado día sí otro también, pero sí que me ha asaltado el factor inefable del lenguaje. Eso sí, digamos las cosas con propiedad. El factor inefable de la lengua inglesa.
A mí, a la más parlanchina de las parlanchinas que hay en este mundo. A la que de pequeñaja le decían que su hubiera nacido muda reventaba. A la que es incapaz de frenar las palabras que le asaltan atropelladamente la garganta. A la que todos sus amigos miran de reojillo a ver con qué va a saltar esta vez.


Esa, amigos míos, soy yo. Una “yo” que de golpe parece que se ha quedado muda. Y es que la barrera lingüística ha hecho mella en mí y me ha dejado sorprendentemente callada y reservada. Y no es que haya sido porque me he quedado sin nada que decir. Eso no. Pero, cuando algo no sabes como contarlo, como explicarlo, como expresarlo, tu mundo se limita. Te ves atenazado en un espacio donde las ideas fluyen por tu cabeza. Los razonamientos están bien estructurados, son coherentes y con sentido pleno… Pero, eres incapaz de articular un discurso bien hilvanado y comprensible para los que te rodean.
Te asaltan mil dudas y neuras. Te preguntas si habrás hecho bien en lanzarte a la aventura de un país diferente al tuyo, con una lengua que es bastante misteriosa para ti y de la que día tras día te sorprendes más.
Te sientes como pez fuera del agua y una vocecita dentro de ti no hace más que gritar: “Leches!! Con la de cosas que podría preguntar, y explicar… y me quedo aquí calladita sin saber como cogerle los cuernos al toro. Con las ganas que tengo de aprender y también de mostrar lo que sé a aquellos que me rodean”.
Definitivamente, a ratos, estoy Lost in Translation

Por cierto... La foto es de aquí

lunes

DE CUANDO LOS DÍAS NO SON LO QUE PARECEN

Escucha esto mientras lees...




El día se ha despertado soleado, con algo de viento, pero soleado al fin y al cabo. No ha sido fácil ponerse en pie.
Las piernas y la cabeza no parecían estar muy de acuerdo de cómo y hacia donde llevarme. Me he metido en la ducha y he abierto el grifo del agua caliente a tope. Las cervicales me matan, siempre me matan, y la única manera que tengo aquí para aliviar el dolor es dejar que el chorro del agua caliente me caiga directamente sobre ellas. Eso tendría que ser suficiente para poder empezar el día, pero hoy no ha funcionado.
He bajado a la cocina a desayunar algo. Pero eso es algo complicado cuando tienes el estómago algo revuelto. Solo se ha solucionado a medias, con un té calentito y un par de rebanadas de pan tostado con mantequilla.
A veces pienso que la cantidad de años que me he entregado incondicionalmente al café han sido un puro desperdicio. La de momentos que después de terminarme una taza el estómago empezaba a pegarme patadas, a hacer que las digestiones fueran eternamente largas…
Al subir a la habitación el tiempo ya había cambiado. Ha dejado de lucir el sol para empezar a nublarse un poco y hacer que el viento que corría fuera lo suficientemente frío para cortarte la piel del rostro. Sí, ya sé lo que me diréis algunos: “Espérate tú a que llegue el invierno y vas a saber lo que es tener frío de verdad”. Lo sé, me lo temo, y lo espero con resignación. Pero también es verdad que a mi me gusta más el frío que el calor. Eso de ir vestida a capas, cual cebolla, parece que me alivia el hecho de que últimamente mi figura ya no es lo que era. Además, como soy tremendamente casera, y prefiero las charlas con los amigos antes que la juergas en las discotecas, estoy segura que acabaré organizando más de un encuentro hogareño con mis nuevos amigos españoles.
Un encuentro en la que yo soy la mayor. La supuestamente más experimentada en esta sinrazón que se llama vivir.
Triste falacia, en la que los años y los títulos no son nada. Mucho empaque y poco fondo para qué engañaros. Si eso fuera garantía para no sentirte perdida, algo sola, un poquito triste, desamparada en según qué situaciones, bobalicona y tremendamente ridícula en otras… Si eso fuera garantía para tantas cosas como esas y más, os diría que sirve para algo. Pero no es así. No sirve absolutamente para nada.
Hoy alguien me ha dicho que se esperaba otra cosa al conocerme. No sé exactamente a qué se refería. A veces ni tan siquiera yo me conozco. Ni me entiendo. Ni me aguanto. Te creas la armadura, y te convences a ti misma, te autoimpones la obligación de no dejar que nadie vea que tiene agujeritos. La luces con la mejor de tus sonrisas y aguantándote las entrañas fuerte, muy fuerte, para que no se noten nada las cicatrices que quedaron. Pero están ahí. No se fueron nunca. Solo se escondieron bien, en el fondo más oscuro, para engañarte y hacerte creer que ya se habían ido. Pero tú resistes, les dices que se queden calladas, que ya son agua pasada, y que por lo que más quieran, te dejen tranquila.
Te das cuenta que la imagen que das en el fondo no se corresponde con tu ser. Enseñas tu yo impostado, el que construyes para los demás. El que tienes preparado para que las patadas no hagan salir moratones allá donde caigan los golpes. El yo primigenio, el que tienes en lo más hondo de las tripas, te lo guardas solo para ti, para que no lo vea nadie. Y a veces te das cuenta que tener alma, tener tanta alma, es atrozmente doloroso. Que gritarías y aullarías incluso si pudieras, para que en algunos momentos viniera alguien y te la arrancara de cuajo. Porque no quieres que vuelva a llamar a la puerta de lo adormecido.
Te paras a pensar y te preguntas cómo te verán los demás. Como será desde fuera esa máscara que tanto trabajo te ha costado construir. No lo sabes. No lo puedes saber. Y eso te intriga, te pica como un bichito entrometido que te va asaltando una vez tras otra.
Sales a la calle, y te das cuenta que el aire frío te calma las ideas. Te devuelve a esa realidad de las cosas que a veces da tanto miedo, pero que es la única que conoces.
Te preguntas que ha pasado. Pero te das cuenta que no hay respuesta. Que ha pasado una cosa extraña, que no acabas de entender. Algo que era tuyo y que ya no lo es. Que te has desprendido de algo que sin saber porque ibas acarreando y que el esfuerzo de sacarlo a la luz te ha dejado en otra dimensión. De momento ya no lo tienes encima, pero sabes que tarde o temprano volverá a ti y tendrás que recogerlo. Pero también te da por pensar que quizás no tendrías que haberlo sacado. Que si lo guardas, lo escondes y lo acallas, termina por desaparecer. Ya es demasiado tarde.
Y miras al cielo y te das cuenta que el día que amaneció siendo soleado, se ha oscurecido de golpe. Y que se ha puesto a llover de sopetón.

domingo

EMPIEZA LA CUENTA ATRÁS

Hace un par de semanas, un viernes por la tarde a eso de las siete y media, llamó por teléfono mi tía P. Estaba nerviosita perdía. Faltaba poco más de una hora para que se tuviera que subir a un escenario, a hablar ante un montón de gente. No, no es que sea actriz, ni política ni nada de eso. Es profesora de lengua y literatura en un instituto de un pueblecito de la Málaga, y le tocaba “despedir” a los alumnos que este año terminaban la secundaria, en la fiesta de final de curso del centro. (Que por lo que ha contado algunas veces, es a lo grande, con los alumnos y lo padres vestidos como si fueran de boda, con mesas bien puestas y adornadas.... Vaya, pijillo, pijillo). Pues eso, que la idea de plantarse delante de todos ellos la tenía un poco histérica. Al final no sé como fue la noche, pero como que no ha dicho lo contrario, imagino que muy bien.
El caso es que en la precipitada llamada que hizo a casa, tuvo tiempo de leerme un poema que había elegido para leerle a sus alumnos. Me encantó, así sin más, aun sin ser yo la que lo leía. Y como que me pilló sentada en la cama y con el portátil en el regazo y conectado a internet, le pedí el nombre del poema y el autor.
El otro día repasando archivos del portátil, en busca de material que ya no me hiciera falta y pudiera mandar definitivamente a la papelera de reciclaje, encontré un documento word con el poema. Lo volví a releer y me volvió a enganchar. Y es que aunque mi tía lo eligiera para leérselo a chicos y chicas que han acabado el bachillerato y tienen escasos dieciocho años, al revisar sus versos me siento identificada con ellos. Es como si se convirtiera en un consejo sabio y calmado de cómo debo enfrentarme a lo que me espera. Tengo la sensación de que se va a convertir en mi texto de referencia de aquí en adelante. Hoy se ha cerrado una etapa de mi vida, que ha durado exactamente 1 año, 2 meses y 20 días. Un tiempo muy gratificante a nivel personal, y sobretodo humano. A partir de ahora se abre otra, que surgió casi por casualidad, en una conversación despreocupada con mi queridísima I, cuando estábamos de turistas el pasado diciembre. Es impresionante como pueden cambiar las cosas, a veces, casi sin darse cuenta… A partir de ahora, en este tiempo de transición que me espera, ya si que puedo decir: EMPIEZA LA CUENTA ATRÁS…

Desiderata
Max Ehrmann, 1927
Camina plácidamente entre el ruido y la prisa,/y recuerda que puedes encontrar la paz en el silencio./Hasta donde sea posible y sin rendirte/trata de mantener buenas relaciones con todo el mundo./Di tu verdad serena y claramente;/y escucha a los demás,/incluso al torpe y al aburrido;/ellos también tienen su propia verdad.//Evita las personas ruidosas y agresivas,/porque son un mal para el espíritu./Sí te comparas con los demás,/te volverás vanidoso y amargado,/porque siempre habrá personas mejores o peores que tú./Disfruta de tus éxitos lo mismo que de tus planes.//Mantén el interés en tu propia carrera, por más humilde que ésta sea,/es lo único verdadero que posees en la cambiante fortuna del tiempo./Sé cauto en los negocios;/porque el mundo está lleno de egoísmo,/pero no permitas que esto te ciegue al punto de no ver que la virtud existe; /muchas personas luchan por nobles ideales;/y en todas partes la vida esta llena de heroísmo.//Sé tú mismo./En especial no finjas afecto./No seas cínico en el amor;/porque a pesar de toda la aridez y desengaño/es tan perenne como la hierba.//Acata dócilmente el consejo de los años,/abandonando con donaire las cosas de la juventud.//Alimenta la fortaleza de tu espíritu para que te proteja contra la adversidad./No te atormentes con tu imaginación./Muchos temores nacen de la fatiga y la soledad./Además de una sana disciplina,sé gentil contigo mismo.//Tú eres una criatura del universo,/no menos que los árboles y las estrellas;/tienes derecho a existir.../Y aunque esté claro o no para ti,/no dudes que el universo marcha como debe ser.//Por lo tanto, debes estar en paz con Dios,/no importando cuál sea tu idea de El./Y cualesquiera que sean tus trabajos y aspiraciones,/en la ruidosa confusión de la vida,/mantén la paz con tu espíritu.//Porque a pesar de toda la hipocresía,/del arduo trabajo y de los sueños fallidos,/el mundo es todavía un lugar hermoso./Sé alegre./Esfuérzate por ser feliz.

martes

EMPEZANDO LA SEMANA

Las cosas parece que empiezan a encarrilarse. Pero tampoco tanto, no vaya a ser que me pueda tomar un descanso y abandone esta estado de estrés y agobio que me acompaña desde hace casi cinco meses. Esta mañana he recibido dos correos que me han alegrado un poco el día. Por un lado, el que será mi tutor de referencia en la universidad de Londres. Por otro, la responsable de los alumnos extranjeros en la Queen Mary University of London, la que será mi universidad a partir del 16 de setiembre. El primero me daba información sobre las asignatura que estoy interesada en cursar: Introduction to Literature: Text and Context; Introduction to film; y Film Form. Unos nombres, que de momento me tienen algo “patitiesa”, para qué negarlo. El segundo me saca de una duda que empieza a “atormentarme” un poquito, la verdad: el buscar vivienda en Londres y además con un presupuesto no demasiado boyante. Y es que resulta que muy cerca de la universidad hay dos residencias de estudiantes que pintan bastante bien. De momento he consultado a un par de amigos de aquí y no ven con malos ojos eso de vivir en un “colegio mayor” como se llamaba antaño. Los precios no están mal, teniendo en cuenta su situación: a 15 minutos más o menos andando hasta la universidad, y en el distrito 2. No es lo mismo que compartir piso en un ambiente más “maduro”, con compañeros que trabajen, pero bueno, teniendo en cuenta que los precios no varían mucho, ya sería coincidencia encontrar un piso que no estuviera a más de 3 paradas de metro de la universidad.
Aún así, no negaré que tengo cierta sensación de desamparo. Cuando empiezas a hacer números y ver lo que te “costará” pagar el alquiler, empiezas a pensar que tu dieta se va a reducir a acelgas hervidas y pechugas de pollo a la plancha (que tampoco es que sea nada malo para conseguir bajar esos quilillos de más que últimamente parece que me han “abordado” desalmadamente), pero que con los precios que tiene todo en la ciudad, seguro que también hay que pagarlos a precio de casi caviar iraní. Y lo de encontrar trabajo... Mejor no pensarlo... Vaya a ser que tanto agobio termine por pasarme factura esta semana en la que aún me quedan dos examenes del posgrado...
Mi madre, en un intento de apaciguar los nervios y las inseguridades, no hace más que decirme que todo saldrá bien, que todo será comenzar y encarrilarlo todo. Yo quiero creérmelo y pensar que sí, que tras un primer momento algo crítico, todo acabará saliendo bien. Y es que una, que es de las que le están dando al tarro ahora sí y más tarde también, no hace más que darle a pensar todas las variables habidas y por haber.
Pero… como decía mi profesor de inglés esta tarde, cuando le he pasado el informe semanal de cómo está yendo mi próxima aventura inglesa (y es que si le paso el “informe” es porque gracias a él supe de la oportunidad de la beca y puedo decir que “me largoooooo” a la ciudad de mis sueños): “dentro de un par de meses, cuando recuerdes todo esto, te sentirás feliz y afortunad de poder vivir una de las mejores experiencias de tu vida… “. Unas palabras que le agradezco enormemente y que sé que las dice con total sinceridad, pero…¿soy muy rara o es normal que esté un poco-bastante-muy nerviosa-alterada-histérica sobre mi futuro a medio plazo?
Aún así, estoy convencida que dentro de un par o tres de meses, me sentaré tranquilamente delante de una taza de té y me reiré de los pequeños momentos de crisis por los que estoy pasando…

PD: Es miércoles lo sé... pero es que yo empizo las semanas el martes. Por eso lo de "Empezando la semana"... Un día os lo contaré.....



EMPEZAR A TENER PASADO


Ayer me reencontré con la que era hace casi diez años. Me reencontré con la que se pasaba el día entero en la facultad, dibujando las bases de un futuro que parecía muy lejano y que ha terminado llegando de sopetón. Llamando a la puerta y entrando casi sin esperar a que le abran. Ayer volví a ser por unas horas aquella chiquilla llena de proyectos y de sueños. Llena de ganas de comerse el mundo y que pensaba que todo le iba a salir bien en la vida. El caso es que al pasearme otra vez por los pasillos, un sentimiento extraño se apoderó de mi. Un pellizco me sobresaltó el corazón y un nudo en la garganta me hizo saltar dos enormes lágrimas. Una extraña mezcla de lágrimas de pena y de alegría. De golpe me sentí mayor. Cayeron sobre mis hombros todo lo que ha pasado desde la última vez que pisé la facultad. Para muchos estudiar en la universidad fue un simple trámite, unos años de cumplir la papeleta para conseguir un título. Para mí fue algo diferente. Un lugar donde empecé a ser yo, donde empecé a saber qué me gustaba y que no; qué era capaz de hacer y qué no. Una época en la que además me di cuenta que lo mío era estudiar y aprender, aprender por encima de todo.
Me sorprendí y me asusté porque de un mazazo en el estómago, me di cuenta de que habían pasado los años, y que ya no volvería a ser la misma. Y eres consciente de que es algo que últimamente se va repitiendo constantemente. Empiezas a pensar en cosas que hacías hace tiempo y te das cuenta que los años han pasado, y que ya no volverán nunca más. Recuerdas cuando eras pequeña y decías en voz alta: “Guau, cuando tenga veinte años seré muy mayor!”. Se te dibuja una sonrisa entre triste y alegre en el rostro y piensas: “Pues me falta poco para los treinta y sigo estando echa un lío”. Un día te das cuenta que empiezas a tener anécdotas y experiencias que contar, que las cosas no son tal y como te las habías imaginado y que como no te des prisa, el tiempo pasará y te quedarás atrás. Empiezas a tener pasado, y eso te asusta. Te asusta mucho porque sabes que no hay vuelta atrás. Que lo único que puedes hacer es seguir para adelante y procurar ser tú y solo tú, la protagonista de tu vida. Porque es verdad que empiezas a ver que la carretera que has recorrido empieza a ser muy larga, pero también te das cuenta que la que te queda por recorrer lo es aún más...

lunes

HOY NO CONSEGUIRÉ NADA

Antes era pánico a la hoja en blanco. Ahora es pánico a la pantalla en blanco. Sea como sea y utilices el soporte que utilices, eso no ha cambiado. Y así estoy yo: bloqueada, saturada, asustada, paralizada…. Nada. Nada sale de mi cabeza. Mis dedos no saben qué teclas han de tocar para empezar a escribir. Empiezan a toquetear rápida y nerviosamente el teclado sin decidirse a construir palabras, frases, oraciones, párrafos con sentido. Nada. Solo puedo mirar a mi alrededor y preguntarme qué me pasa, porqué no puedo escribir, porque no puedo contar nada. El pánico se apodera de mí. Y si ya no tengo nada que contar? Y si no sirvo para escribir? Y si todos los que a mi alrededor me han repetido que les gusta lo que escribo no han hecho más que tomarme el pelo? Y si todo es una mentira y no puedo conseguir que mis pensamientos salgan hacia afuera a través de la escritura? Un sudor frío empieza a entrar por la yema de los dedos y va avanzando hasta los nudillos. Está llegando a las palmas de las manos y hasta el puño. Tengo que sacudir las manos para que vuelvan a responderme. Como cuando te lavas las manos y las sacudes al aire antes de secártelas en la toalla. Pero ahora no me quiero secar el agua. Quiero que las manos vuelvan a responderme, que vuelvan a ser mías, no de ese hormigueo desagradable que no me deja moverlas con normalidad. No me responden. Sacudo una y otra vez pero nada. Las manos no son mías. Son suyas. Son de él. Del pánico a la hoja en blanco, que se ha apoderado de ellas y no las suelta. Imposible. No puedo. Hoy ha ganado él. No voy a poder escribir nada. No se las puede forzar. Las manos se han aliado al cerebro y hoy no están dispuestos a seguirme. He perdido la batalla. Hoy no conseguiré nada.

jueves

A VECES...


Los cambios no nos gustan. Los tememos. No podemos evitar que lleguen. O nos adaptamos o nos quedamos atrás. Duele crecer, y quién diga que no, miente. Pero una cosa es cierta: a veces, cuando más cambian las cosas, más continúan como siempre. A veces, solo a veces, los cambios son buenos. A veces, los cambios, lo significan todo.

miércoles

AÑO NUEVO VIDA NUEVA...


La frasecita ya está bastante manida, ya lo sé... Pero... Qué narices! O te pones el mundo por montera, o él solito te come entera enterita. Estoy harta de todo, de la rutina, de hacer siempre lo mismo, de casa al trabajo, del trabajo a la escuela oficial, de casa a la biblioteca... No, no, noooo!!! Ya no puedo más. Ya basta! Imposible seguir sin ningún otro aliciente cerca. He llegado a un punto que o cambio, o me da algo. Y como yo estoy más loca que una cabra y hago las cosas a bote pronto (y al final que acaban saliendo bien, qué curioso), me he liado la manta a la cabeza.
Por lo pronto empiezo el año estudiando... Un prosgrado de la UNED de profesor de español para extranjeros. De algo me iba a servir haberme pasado cuatro años en la facultad estudiando filología no? Lo demás..... No os lo cuento porqué no quiero gafarlo. En un par de días tengo respuesta. Afirmativa o negativa. Aún no lo sé. No creo en divinidades ni cuentos chinos, pero quizá me tocará encomendarme a Santa Rita, la de los “deseperaos”. Total, no cuesta nada y si sirve para algo... Menos da una piedra. Mi madre siempre dice que lo necesario para vivir a gusto con uno mismo es hacer lo que sientes. Y otra persona a la que quiero un montón no hace más que repetirme que, a menudo, es más coherente y satisfactorio para uno mismo, hacer caso de las intuiciones. Por eso, espero que mi intuición y sobretodo mis ganas de tirar pa' lante esta vez me ayuden y me den fuerza.
A todos los que estáis ahí, que sé que sois unos cuanto.... Gracias por seguir ahí, y aguantar mis neuras y mis idas y venidas... que últimamente no están siendo pocas...

PD: Por cierto, no es que os hayáis quedado medio ciegos... es una “afoto” mía... no sé que co... he tocado del programa de retoque fotográfico y se ha “quedao” así de rara...