miércoles

TENSIÓN CERVICAL, ESA GRAN AMIGA.

Qué sería de nuestras vidas sin estas queridas amigas. Esas que cuando menos te lo esperas te saludan de buena mañana y te dejan “tiesa” nada más poner los pies en el suelo.

Pues esas queridas compañeras, las cervicales, y su colega del alma la “tensión” llevan dándome los buenos días desde hace ya unas cuantas semanas. Hasta hace unos días la cosa era medianamente soportable. Una ducha caliente, con la alcachofa de la ducha directamente apuntando al cuello durante un par de minutos y el problema se solucionaba para el resto del día. Pero desde el pasado sábado, la cosa a empeorado.

Todo empezó con el hombro derecho, que parecía un poco “atropellado” y algo vago a la hora de querer responder a mis impulsos de mover el brazo. A medida que pasaba el día la cosa empeoró. El dolor que al principio era solo como una pequeña presión sobre la zona, se fue extendiendo hacia la clavícula derecha y también por todo el brazo derecho. Después de un día de compras por el centro y una visita relámpago a Ikea para proveernos de un par de cosas, llegar a casa cargada con los paquetes fue poco más que una tortura china. Definitivamente la tensión cervical se había instalado en mí y parecía que estaba dispuesta a darme la vara.

Y así ha sido. Aquí está. Instalada desde el puño hasta la clavícula derecha, haciéndome los días un poco imposibles y complicados, y sobretodo, con unos espasmos y unos tirones que me tienen frita. Geles de calor, pastillas anti inflamatorias, paños calientes, geles anti inflamatorios, aceite de romero, baños calientes, masajes caseros... Así llevo desde el sábado y la cosa promete ir para largo. Como diría mi masajista en España “si todos los nudos que tienes en la espalda fueran garbanzos, harías un cocido para unos cuantos comensales”.

Me lo tomaré con filosofía y haré un poco el vago esta semana a ver si con un poco de reposo y el tratamiento adecuado la cosa mejora y no tengo que recurrir a la amputación. Eso a lo que tanto le gustaba recurrir a mi hermana cuando estudiaba enfermería y daba como diagnóstico cuando le decía “me duele el hombro”.

Y si por casualidad (y por desgracia) os pasa lo mismo que a mí, os dejo una pequeña ayudita, en forma de tabla de ejercicios para mejorar el estado de vuestras queridas cervicales.

PD: Como os podréis imaginar, después de tanto tiempo sin pasarme por aquí, este no iba a ser el post para el reencuentro, pero las “c” me tienen tan atacada, que en estos momentos es en casi lo único que puedo pensar....




HACE UNA ETERNIDAD QUE NO PASO POR AQUI...

Hace casi tres meses que no paso por aquí. Bueno no es cierto del todo. Paso todos los días. Cada vez que me conecto a internet. Como os podréis imaginar, mi blog es la página de inicio de mi portátil cada vez que me conecto a la red. Y cada día me asalta la vergüenza de ver que la última entrada es de principios de mayo.

No contenta solo con eso, tengo a una madre que es como una segunda conciencia y cada vez que hablamos por Skype, me recuerda que tengo la página algo olvidada. Lo sé mamá, lo tengo ahí, clavadito en el fondo del estómago y me asalta una y otra vez.

¿Por donde empezar desde la última entrada? Mmmmm… A ver… Me mudé de piso a finales de mayo y abandoné Bethnal Green para trasladarme a Walthamstow. Un poco más al norte, en zona tres, pero que sorprendentemente me gusta bastante. Es como un pequeño pueblo “pegado” a Londres y tiene espacios verdaderamente tranquilos y encantadores para pasear y recrearse en lo típicamente inglés. Abandoné un piso compartido con otras 4 personas (llegamos a ser 7 durante algunas semanas) en el que solo tenía una habitación para vivir (los primeros tres meses una simple que parecía una caja de cerillas, los dos siguientes una doble en la que me sentía un poco menos sardina en lata). Viví en propias carnes lo que es buscar piso con mi chico, en esta ciudad, con un presupuesto limitado e intentando que no estuviera lejos de la parada del metro y del tren. Y como broche final, limpiar y ordenar un piso que se aparece enorme para dos personas e intentar decorarlo y hacerlo acogedor con un presupuesto muy muy ajustadito.

¿No está del todo mal no? Entremedias, un viaje a España, algún que otro momento de crisis existencial y muchas horas de limpieza para adecentar un piso que (la madre que la parió si la pillara ahora mismito), la landlady nos alquiló sin limpiar…

Pero no todo ha sido “chungo”… Me he aficionado a la jardinería (una de esas tres cosas que tanto gustan a los ingleses además de las casas y los pubs). Mis dotes culinarias han aumentado exponencialmente y estoy hasta sorprendida por ello. Tengo televisión después de nueve meses y mi inglés está creciendo sorprendentemente rápido. Y de lo que estoy más orgullosa (y gracias a las enseñanzar de la madre que me parió), me estoy convirtiendo en una administradora financiera doméstica de narices (vaya, que con poco dinerillo hago milagros).

Y como que por más que yo lo diga, no tenéis porque creerme sin ver antes una imagen, os dejo aquí una prueba (de la que estoy muy orgullosa, todo hay que decirlo) de mis tres jardineras en la ventana de mi salón. Cuando plantamos las flores hace poco más de un mes, eran toda muy chiquitas, casi no sobresalían del borde del macetero. Estoy más que sorprendida de ver que han crecido tan bien.

Ahí os las dejo, para que veáis que no miento….


lunes

YA LLEGÓ...

El cumpleaños. O más exactamente, algo así como “mensuario”. Concretamente 6. Bueno, en realidad 6 meses y 3 días. Cosas de la rutina, que al final el viernes me lié con otras cosas y no tuve tiempo para redactar el post.

Pues eso, 183 días ya en la gran Londres. 183 días en los que mi vida ha cambiado, diría yo, que por completo. Es lo que tienen los viajes. Que una vez estás sumergida en ellos, para bien o para mal, te cambian para ya no dejarte ser nunca más la que eras antes. Recuerdo el famoso día D. Un viernes por la tarde, a eso de las cinco, con el metro de bote en bote y yo cargada con una maleta que era casi más grande que yo.

Aún recuerdo la sensación de casi pánico histérico que sentí la primera noche en el hotel. No hacía más que oír sirenas de ambulancias y coches de policía, arriba y abajo , por la avenida enfrente de donde me hospedaba.

Con el paso de los meses (y viviendo ahora solo a 200 metros de donde pasé la primera noche) me he dado cuenta de que las sirenas y el murmullo del metro que pasa por debajo de mi piso, ya no me molestan a la hora de dormirme por las noches…

Seis meses en los que estoy aprendiendo a moverme con bastante soltura por una ciudad enorme, que no se parece ni remotamente a nada de lo que había conocido hasta el momento. En la que estoy conociendo a gente que me ha cambiado la vida. Gente a la que conoces por casualidad y que serán parte de ti para siempre. En el pasado o en el futuro. Porque eres protagonista en primera persona de momentos que guardarás en tu memoria, más allá de las imágenes captadas con la cámara…

miércoles

SINCRONIZAR AGENDAS

El lunes me llamó mi querido S. Hacía unas cuantas semanas ya que no sabía nada de él. Es lo que tiene esta ciudad. Es lo que tiene la vorágine de la vida londinense.
Me vino a la memoria lo que me dijo la primera vez que hablamos por teléfono cuando aterricé, hace ya casi seis meses: “Londres te absorbe, te atrapa con sus tentáculos y tu vida social no acaba pareciéndose en nada a la que estabas acostumbrada en tu ciudad natal.” Bueno, en realidad esas no fueron sus palabras exactas, pero sí la esencia de lo que quería decirme.

Es ahora cuando empiezo a entenderlo. Es ahora cuando esa palabreja que tanto les gusta a los ingleses “socializing”, empieza a tener más sentido para mí. Ese concepto que en nuestra lengua se podría traducir por “socializar”, pero que no tiene, ni de lejos, la misma presencia “bombardeante” en nuestras vidas, allá por tierras mediterráneas. Y es que la lengua también define patrones sociales, de comportamiento cotidiano, de formas de ver y entender la vida y las relaciones humanas…

El caso es que, y volviendo al “key point” (como dirían los ingleses), o al meollo del asunto, (como diríamos nosotros) es casi inevitable tener que incluir las “citas” con amigos y conocidos en el horario mental que te “fabricas” para la semana. Si no “sincronizas” agendas, es muy posible que acaben pasando semanas o incluso meses hasta que puedas reunirte con aquellos con los que compartes gustos, y a los que te une una estimación especial, y que quizás solo viven a unas pocas paradas de metro de ti.

Sí amigos míos. A servidora, nacida en un pueblo pequeño, donde todo está a tiro de piedra, le ha costado todo este tiempo darse cuenta de la historia. No es que sea una paleta de pueblo (o por lo menos no me considero como tal, corregidme si me equivoco, por favor) pero hasta que tu cotidianidad no está medianamente asentada, no eres plenamente consciente de ello.

Claro que en este punto se plantea otra cuestión: ¿qué es la cotidianidad viviendo en Londres? Pero eso tendrá que quedar pendiente para otro post. De momento os diré, que la mía está algo alterada últimamente, de ahí que lleve unas cuantas perdida en la blogosfera, sin actualizar mi caos particular. Cosas que pasan y que te revolucionan de la noche a la mañana. Nada malo, ni mucho menos, pero lo suficientemente nuevo para que la rutina de españolita gris y aburrida que llevaba hasta ahora, haya cambiado bastante radicalmente.

Lo que sí tengo claro ahora, es que hay que sincronizar agendas y ajustar horarios. Si no, la babilónica urbe, llena de gente, te hace sentir la persona más solitaria de la faz de la tierra. Nunca me ha gustado tener que acatar unas determinadas formas de actuar. Pero está claro que en este punto, o lo haces o te quedas más sola que la una. La improvisación no tiene cabida en este lugar, pues puedes acabar siendo víctima de un fin de semana largo, aburrido y soporífero…

jueves

RETAZOS III

  • Levantarte por la mañana, en pleno East End londinense, con el canto de los pájaros y los rayos del sol que se cuelan por debajo de la cortina opaca de tu ventana. En el fondo, eres una privilegiada.
  • Ir caminando hasta la facultad, en un agradable paseo de apenas 20 minutos, medio reconvertida en londinense. Con un café con leche calentito en una mano y escuchando mi música preferida en el ipod.
  • Comprobar una vez mas que las inglesas rien “raro”. Que empiezan con una risita tonta, y terminan soltando un verdadero alarido nervioso, escandaloso y perfectamente audible a muchos metros de distancia.
  • Sentir que por fin, la dichosa gripe que te ha tenido viviendo solo a medias durante los últimos quinze dias, se va y te libra de su mano oscura. Darte cuenta también, que cuando estás lejos de una cara conocida y querida, estar pocha es una gran p***
  • Ver cómo, asombrosamente, las cosas puedes cambiar mucho, muchisímo, de la noche a la mañana. Que cuando menos te lo esperas algo aparece en medio de tu camino y puede darle un nuevo giro a tu vida.
  • Rebuscar por ese gran amigo que es Youtube y encontrar una de las canciones que siguen poniéndome las carnes de gallina cuando la escuchas. Nunca pasaran los años para la Reina...




PD: otros retazos... I y II

DE PRONUNCIACIONES

Los que me conocen saben de mi predilección por el inglés con acento británico. Los que lo saben, también os asegurarán que soy bastante fan de las películas british en versión original. Si eso es una manía, un gusto desmesurado, una filia incomprensible o simplemente un capricho, no estoy tan segura de tener respuesta.

El caso es que a mi padre le salí “rarita”, eso es innegable. “Rarita” porque sigue sin explicarse como una mediterránea como yo, orgullosa de serlo y además, hasta las trancas, siente predilección por ese acento que él llama “aplatanao”. Porque como dice, suena todo igual, con un tono de voz monótono y repetitivo.

No sabe mi señor padre que eso viene marcado por las diferencias tan marcadas que existen entre las lenguas: tonal el inglés, silábica el español. Fácil de decir, mucho. Pero difícil de asimilar en la práctica. Pues cuando intentas mantener una conversación en inglés, no tan solo tienes que acertar con la gramática y el vocabulario, sino también en la entonación que le das a tu discurso. Amigos míos, eso es lo más difícil. Sobretodo si al hablar en tu propia lengua eres tan expresiva (y algo exagerada, porque negarlo) como lo es servidora. Tener que reprimirte y hablar comedidamente, se convierte en un esfuerzo a veces considerable.

Y cuando tu inglés se cruza con un british, puedes tener o no la suerte de tu parte. O habla ese inglés que tú entiendes casi a la perfección: el de las películas típicamente inglesas, o te das con un canto en los dientes porque de cuatro palabras que salen de su boca solo entiendes una y media. Vaya, de esos que cuando hablan casi no abren la boquita. Y ahí vuelvo a acordarme de mi progenitor. No le negaré que tiene toda la razón del mundo. Hablan “raro”.

Si una cosa nos dificulta a los no nativos, el aprendizaje de la lengua del Bardo es que, nunca entenderé porque, casi ni abren la boca al hablar. Evidentemente existen las diferencias fonéticas (y muchas) entre el inglés y es español, pero juer… Estoy segura que si se metieran una galleta entre los dientes a la hora de hablar, casi seguro que ni tan siquiera la romperían.

Pero parece que en lo que llevo en la Pérfida, la que igual tiene que darse con un canto en los dientes con su pronunciación “se moi”. Al poco de estar en la ciudad, la partenaire de un amigo alabó mi dicción. ¡Bien! Un punto más para mi autoestima. El pasado sábado, un londoner de pura cepa, después de pasarme casi cuatro horas charlando con él y otra amiga española, me soltó lo de “You have to be very proud. Your English is really amazing” (o lo que es lo mismo “Tienes que estar muy orgullosa porque tu inglés es realmente bueno”). Dos “minipuntos” para mi vanidad. Y el otro vino el pasado martes, charlando con una chica polaca y otra brasileña criada y educada en Estados Unidos. “¿Cómo lo haces para tener una pronunciación tan pulida, siendo española?”. Eso me espetaron en los morros a los diez minutos de estar charlando con ellas en un pasillo de la facultad, esperando entrar al aula.

No tengo la menor idea. Si me pinchan para sonsacarme la información, estoy segura que no me sale ni una gotita de sangre. Será que soy rara de narices (que me da a mi que eso va a ser) y que con la coña de querer imitar el acento de las películas que me ponía en versión original en casa, se me ha pegado algo de estos British. Claro que las lagunas con la gramática y el vocabulario siguen ahí… Merodeando por el subconsciente y mareando la perdiz para que no consiga sentirme segura del todo hablando la lengua del Bardo. Pero una cosa me digo yo para mis adentros cada vez que me encallo en algo…”Si una americana sureña pudo imitar el acento british para encarnar a la más british de las neuróticas de la década de los noventa, esta menda también lo conseguirá tarde o temprano”. Quien no persigue un sueño vive sumido en la monotonía. Eso es así aquí y en la China.

Ahí os dejo una de las pruevas del delito. Mi Biblia particular para encarrilar la “English pronunciation”.



PD: Creo haber encontrado una respuesta a la pregunta sobre mi pronunciación. Respuesta que comparto con otros catalanes. Un día os la contaré……

lunes

YA ESTABA TARDANDO MUCHO

Ya iba siendo hora actualizar esto. Que me da hasta vergüenza abrir todos los días el blog y ver la misma entrada desde el día 10. Llevo ya casi 15 días en la Pérfida, después de las vacaciones de navidad, y las novedades se han sucedido bastante vertiginosamente.

Pues nada ahí vamos.

Por fin encontré piso nuevo, en el mismo barrio donde vivo ahora, pero con la ventaja que está a 200 metros de la boca del metro y a 250 del bus que me deja al ladito de la universidad. El fin de semana que viene ya estaré instaladita en mi nueva room. Algo más pequeña que la que tengo ahora en la universidad, pero muy cuca y acogedora. ¿Qué más se puede pedir verdad?

La semana pasada empecé las nuevas asignaturas en la facultad, y aunque reconozco que me van a dar mucho trabajo con infinidad de lecturas, la primera impresión es muy buena la verdad.
Una sobre cine (que ya cursé el primer semestre, pero que ahora ha cambiado de profesor y ha resultado ser un encanta de mujer, además de una excelente comunicadora); otra sobre literatura comparada que me va a exigir muchas horas de lectura, me lo veo venir; y otra sobre Londres y su representación a través de la literatura, el cine y la pintura desde el siglo XIX hasta los primeros años del XXI.
Vaya, que como siempre, me acabo liando y cogiendo asignaturas de enjundia. Como cuando estudiaba la carrera en España. Si es que a ratos parece que soy algo “masoca” para qué negarlo. Pero bueno. Ya no me puedo echar para atrás y tendré que “afrontar al toro” lo mejor posible.

En general la vuelta a la ciudad ha sido relativamente tranquila. Más de lo que me imaginaba. Eso sí, un momento de crisis inicial no me lo pude ahorrar. Pasarte tres semanas en casa, volviendo al “origen” hace que te des cuenta de lo que “tienes que pagar” para estar donde estas. Pasas de estar rodeada de gente a estar sola de nuevo. Teniéndote a ti misma casi como única compañía para hacerlo todo e ir a todas partes. Creedme, es “chungo, mu chungo”.

Pero no nos vamos a dejar vencer por los malos momentos no? Mal andaría el patio si lo hiciéramos. Como le dije a un amigo estando aún en casa, hay que intentar "no sucumbir a la apatía y a sus rémoras", a lo que él muy inteligentemente me corrigió "vencer a la apatía y sus rémoras". Pues eso. Que en ello estoy. A ver si saco mi cabezonería de serie y lo cumplo.

No os vayáis muy lejos. Prometo estar de vuelta prontito….

AISLADA

No tengo internet en la resi. Se colgo el viernes por la noche. El finde ha sido un poco como de "pesadilla". Lloviendo a mares y yo encerrada en mi habitacion sin poder conectarme. Lo que hacen las costumbres, madre mia!

Como podreis comprobar, estoy en la universidad, escribiendo con un horrible teclado ingles, sin la mitad de los signos que necesito para hacerlo correctamente. Un asquito vaya...

Pues nada, que este es mi ultimo post en la urbe, antes de cojer manyana un avion camino de casa. Si las cosas cambian, y al volver de mis compras navidenyas por Oxford Circus y Regent Street, la conexion ha vuelto, igual os cuento alguna cosilla mas. Si no, nos vemos de nuevo ya en tierras espanyolas, esperando la llegada de la Noche Buena.

Hasta prontito...

VOLVER AL BLOG...

Llevaba ya muchos días sin postear, lo sé. No ha estado el horno para bollos, ni tampoco he tenido demasiado tiempo. Entre las lecturas de la uni, la visita de mi hermana and company, y alguna que otra “comedura” de coco por el ya “recurrente” tema, he estado un poco out. Ya se sabe, cuando la vida real te tiene ocupada, cuesta acordarte de la que tienes en el ciberespacio. ¿No os parece?

El caso es que anoche terminé (a falta de un repasillo y/o modificación de última hora), uno de los dos essays que tengo que presentar antes de volverme para casita el próximo 16 de diciembre. Y no os negaré que necesito una pequeña pausa de inglés antes de ponerme otra vez con las lecturas. Parece mentira lo que llega a agotar mentalmente tener que pasarte horas y horas leyendo en una lengua que no es la tuya.

He terminado con una reflexión de casi 900 palabras, sobre un texto algo soporífero de George Orwell en el que “se queja”, ya en 1946, sobre el mal uso que algunos escritores y periodistas hacen del inglés en el momento de escribir. Si levantara la cabeza y viera lo que hacen algunos periódicos gratuitos, de esos que te reparten a la entrada del metro alrededor de las 6 de la tarde, se daría cuenta de que sus “consejos” cayeron bastante en el olvido para algunos.

Pero no puedo cantar victoria todavía. Queda el más difícil. Analizar la película Chinatown de Roman Polanski e intentar enmarcarla en un par de teorías cinematográficas. El trabajo sería sumamente sencillo si tuviera que presentarlo en castellano o en catalán. Pero como parece que a este mundo hemos venido a pasarlas algo pu*** durante algunos (por no decir muchos) ratos, esa va a ser mi penitencia antes de las navidades: escribirlo en inglés, y que llegue a las 2000 palabras. Habrá que tomárselo con paciencia y pensar que una vez terminado, me esperan tres ricas semanas en casita, con los míos, pasando las navidades.

Para “evadirme” un poco del trabajo académico, me dio por conectarme a la que se ha convertido en una de mis grandes amigas en este país: la BBC Iplayer. Y buscando buscando, encontré un nuevo documental de dos episodios que empezó el sábado, en la BBC2. El título: “Alter Rome: Holy War and Conquest” y que reflexionaba sobre el avance del islam en confrontación con el imperio romano (ya en claro declive) y la tradición y religión cristiana. Imágenes de Egipto, Siria, Turquía, Francia y España, para ilustrar ese momento histórico que sin duda cambió el rumbo de nuestra cultura. Hasta ahí todo normal. Un argumento bastante atractivo para mi gusto. La sorpresa llegó cuando vi quien presentaba (y al parecer también escribió) el documental. No era otro que este señor:


Un tipo alto, desgarbado con una indomable melena rubia-peliroja que no es otro que el Mayor de Londres: el señor Boris Johnson. Me extrañó verlo tan “puesto” en temas como esos, y no pude evitar buscar información sobre él. Algo de luz encontré, pues resulta que estudió Clásicas.
Lo que sí me causó sorpresa es ver que un político de primera línea como él, estuviera al frente de una serie de dos documentales. Quizás es que por estas tierras eso es algo común y nada novedoso, pero para mí fue una sorpresa. Puestos a recordar (y si algunos sí lo hacéis, os agradeceré enormemente que me refresquéis la memoria) no me pasa por la cabeza ningún programa emitido en España, protagonizado, dirigido o realizado por un político de cierta importancia, aún en activo. Es más, intentando buscarle un correlativo político (por su tendencia ideológica claro está), no me imagino yo a Ruíz-Gallardón o a Rita Barberá, al frente de un documental sobre temas históricos o de enjundia. Será que esa es una de las muchas diferencias entre los políticos ingleses de tendencias derechosas, con sus homólogos españoles.

No me pondré ahora a analizar el tema. Porque no tengo ganas, ni tiempo y por supuesto, tampoco demasiado conocimiento sobre el tema. Lo que tiene ser una estudiante en Londres, es que a pesar de lo que muchos puedan pensar, te pasas más rato en tu habitación, bregando con la bibliografía y las limitaciones de tu inglés para expresarte en tus escritos, que “turisteando” y conociendo la “realidad” más inmediata de esta sociedad llena de contradicciones. Porque de momento, lo que sí empiezo a tener bastante claro, es que Inglaterra es un lugar lleno de cosas “difíciles de entender” para una mediterránea orgullosa de venir de donde viene…

domingo

NOTTING HILLEANDO A LA ESPAÑOLA

Si estuviera en casa, allá en tierras catalanas, alguien que yo me sé me diría algo como: “Nena, avui estas florida eh?”. Si estuviera a su lado le diría “No només avui, tota la setmana”.

Y es que esta semana que hoy termina, ha tenido de todo: clases amenas; clases soporíferas; estrenarse como profesora de español; recaída al resfriado “fiebroso”; momentos de nostalgia mediterránea; trabajos sorpresa que se convierten en sorprendentemente sospechosos; alguna que otra muestra de arranque de mi carácter explosivo por las “dudosas” costumbres higiénicas de dos de mis compañeros de piso; horas de lectura estresantes; y caída en los topicazos que tan poco me gustan. ¿Es o no es para estar “florida”?

Y ayer llegó la gota que colmó el vaso para rematar estos siete días “morriñosos” y mohínos, marcados por un principio de añoranza de los míos y de mi rutina a más de mil kilómetros de aquí.

¡Qué agobiante es pasearse por un Notting Hill literalmente asediado de españoles! Definitivamente estamos hasta en la sopa. Allá donde pusieras la oreja, oías a catalanes, andaluces, valencianos, gallegos, madrileños… Me parecía más estar paseando por las Ramblas, que no por uno de los barrios más “posh” de Londres.

Lo de agobiante lo digo por una cosa: la cara de zoquetes que tenían algunos cuando contemplaban lo que allí se congregaba. Eran verdaderos “panolis” vestidos a la última moda, pero con una concepción de lo diferente y lo variado, que dejaba muchísimo que desear. A veces me pregunto que porqué se molestan algunos en viajar si lo único que terminan haciendo es criticar todo lo que ven, casi por sistema.
Además, algo como todo esto no es que sea tan criticable, vaya, digo yo…




Y lo de la gota que colmó el vaso es porque, cayendo irrefrenablemente en esos topicazos que tan poco me gustan, no pude evitar acabar comiendo esto:



Sí señores. Paella y choricitos al vino en el corazón de Londres, por gracia de Hermanos García, afincados en esta calle…

… desde hace casi cincuenta años.

No se parecía al delicioso arroz a la cazuela que guisa mi madre y que te quita el hipo. Ni a los chorizos andaluces que mi padre cocina a la parrilla cada vez que en casa se come carne a la brasa. Peero, sí fueron muy aptos para quitarte la espinita de recordar sabores que aunque solo hace cinco semanas, te parecen muy lejanos.

Mal empezamos si con tan poco tiempo comienzo a decir esto, lo sé. Pero es lo que tiene venir de una familia donde se cocina taaaaan espectacularmente bien (y no lo digo yo por formar parte de ella, os aseguro que hay mucha más gente que lo ha comprobado y os lo dirían aquí y ahora), y en la que no somos especiales amigos de salir de restaurantes, precisamente por eso.

Pero es que creo que se me está empezando a reblandecer algo el coco. Ese que según mi madre, siempre he tenido tan duro. Quizás es que estoy perdiendo ese deje inconscientemente intelectual que mi padre siempre me ha dicho que tengo… Será que estoy algo lejos de mi casa y con la distancia todo parece que tiene otro color… O simplemente será que con tanto esfuerzo para amortiguar lo mejor posible el choque cultural, a veces me sorprendo a mi misma divagando sobre lo divino y lo humano sin tener ni pajolera idea de porqué lo hago.

El caso es que ayer me fui al barrio más “in” de Londres y acabé sintiéndome como en la Plaza Mayor de Madrid. Solo faltaba encontrar un puesto de bocatas de calamares (con lo ricos que están), y ponerse a gritar allí en medio “Gibraltar español, Malvinas argentinas”. El día hubiera terminado redondo.

martes

NO HE MUTADO

Hoy he recibido varios mails y charlas de messenger de alguna de mi gente. Me preguntan como estoy. Si como bien. Si duermo bien. Como llevo los horarios. Si estoy tranquila enmedio de tanto torbellino.

Sigo siendo la misma. Por lo menos por fuera. Tranquilos no he mutado. Sigo siendo bajita, algo rellenita (espero que por poco ;)), con el pelo corto y tan risueña y parlanchina como siempre.

Y para que os quedéis tranquilos y creáis mis palabras, os dejo esta "afoto". Me la sacó mi querido S el pasado domingo. No quiero presumir, peeero.... me veo hasta un poco bella en ella. (Leches! me ha salido con rima y todo).

Ala, tranquilos. Que el proceso de mutación no ha empezado. Todavía...jjijiji


jueves

HOY...

Ha sido un día difícil.
Estoy muy cansada.
He tenido muchas horas de clase.
He estado muchas horas pidiéndole a las neuronas que pensaran en inglés.
Se me han presentado novedades a asimilar como quien tiene que respirar inconscientemente.
Me he pillado alguna que otra rabieta por ineptitudes inexplicables.
Finalmente he puesto cara a gente que llevas mucho tiempo conociendo a través de la pantalla.
Me he dado cuenta, una vez más, que cocinar y comer una sola es... triste y deprimente.
Tengo que estudiar un rato más.
Pero si pudiera haría esto….




Sigo siendo una vaga… Hoy tampoco tengo gana ni fuerzas para explicaros nada más.

PD: Este tampoco tenía que ser el post de hoy

miércoles

HOY NO HAY POST

Bueno sí lo hay, como podéis comprobar. Pero hoy no os voy a contar nada. Bueno nada tampoco. Pero sí poco en comparación con otros días.

Hoy he estrenado mi flamante tarjeta del metro. He llenado mi ropero. He escandalizado a mi compañera americana con unas simples “papas” a lo pobre y un huevo frito cocinados con aceite de oliva. He redecorado mi habitación, faltada de colgadores y perchas para colocar mis trapitos y mis fulares.

Hoy estoy cansada y aún me queda unas cuantas horas delante del manual de cine. O sea que hoy gente, no os cuento nada más.

Como decimos en catalán: “Bona nit i tapa’t”.

Mañana será otro día.

PD: Este tampoco era el post de hoy…

martes

LA SANTÍSIMA TRINIDAD

O lo que es lo mismo: yo, mi Oyster Card nueva y flamante para estudiantes mayores de 18 años, y el transporte público de Londres.

Estaba agobiada en mi habitación, a eso de las tres, refunfuñando porque la gente de la resi pone la lavadora y se olvida de recoger la ropa cuando ha terminado el programa de lavado. Refunfuñando porque yo tenía toda mi ropa de color metida en la bolsa de la colada y me he encontrado con el percal. Refunfuñando porque el horario mental que me había hecho para esta tarde se me había ido al garete.

Pero… la alegría ha llegado a media tarde en forma de…


En un principio, como os podréis imaginar, la alegría me ha podido. Luego, tras la euforia del primer momento, me ha entrado el susto… Porque una sigue siendo un poco de pueblo aún, y no me he aclarado demasiado bien sobre cómo conseguir el pase mensual con descuento.

Mi vecino me ha liado. Y me han asaltado todas las dudas. Que si hay que pagar online, que si tienes que dar el número de la tarjeta para que te lo descuenten del banco… Un lío padre que no tenía nada que ver con la realidad.
Suerte que ahí estaba mi gurú londinense y salvador de las catacumbas de Waterloo-Moria y me ha echado un cable.

Que empiece a temblar la ciudad, que la santísima trinidad de Emma va armada y es peligrosa. Por lo pronto, mañana no tengo clase, usease que... Llueva, haga sol o corra un viento de mil demonios, me pienso montar en el metro e irme hasta el quinto pino a mano derecha para empezar a saborear lo que te ofrece esta gran ciudad.

PD: El post de hoy no era este… Pero, como diría si aún estuviera en la radio, la actualidad manda, y hay que ser capaz de salir airoso cuando la ocasión lo requiere. :)

PD2: Y sí no os riáis. La foto es horrible. Parezco una atontá... Pero a ver... que alguien me diga si alguna vez ha salido favorecido en una foto de carné, que me rindo a sus pies...

lunes

TERROR AL PLAGIO

Esto es algo que me dejaron muy claro el primer día que puse los pies en la facultad. En este país, usar las palabras de otro, como si fueran tuyas, en un ensayo académico, te puede costar la expulsión inmediata.
No digo yo que eso sea legal, ni mucho menos. Pero la verdad, que te lo presenten de buenas a primeras de esa manera, te deja un poco acojoná. Y es que por lo que he podido observar, aquí los trabajos que haces en la universidad (aquí conocidos como “essays”) son algo verdaderamente importante y en lo que hay que esmerarse mucho.

Tampoco digo con eso que los que hice en España tiempos atrás los hiciera yo de cualquier manera. No. Si de una cosa puedo presumir es que era una verdadera “matá” cuando había que presentar algún trabajo en la facultad.
Y eso continúa ahora, que medio enfrascada en la tesina, no hago más que revisar una y otra vez. Puliendo esto y lo otro, visionando una y otra vez las películas a ver si se me ha escapado algo. Revisando una y mil veces las notas y comprobando que estén incorporadas coherentemente al discurso del análisis…

Pero… Me estoy dando cuenta a marchas forzadas, que en este país, todo o casi todo lo que aprendí en cuanto a cómo redactar un trabajo, me va a servir más bien poquito… Además de la barrera idiomática, existen una serie de procedimientos que, la verdad, me suenan poco más que a chino.

Esta tarde he empezado un curso en la facultad con el sugerente y estimulante título de “Academic Writing” (“Escritura Académica”, para los no iniciados en la lengua del Bardo). Os podéis imaginar qué emocionante ha sido la clase, de dos horitas ni más ni menos. Básicamente hemos dado vueltas a cosas como: qué es un análisis, una justificación, una evaluación, una comparación, una explicación…. Además, hay un apartado enorme, grandioso vamos, dedicado a ese "terror nacional" que es el plagio.

Claro que ya estamos con lo mismo. Lo inefable del lenguaje. Y es que muchos de los términos que se usan en inglés, no tienen un equivalente idéntico en español. Ahí viene cuando servidora se hace la picha un lío y llegan las confusiones a veces algo estúpidas pero no por eso menos comprometedoras.

Lo que se me avecina no es nada sencillo. Me lo estoy temiendo. Lo veo venir. Como cuando sabes que te vas a dar de bruces en los morros y no puedes evitarlo. Pues así me lo veo yo… Perdía otra vez en la traducción, y sudando tinta para amoldarme a este “nuevo estilo” de redactar mis “essays” de las asignaturas adscritas a la facultad de arte.

Y es que ser hablante nativa de una lengua, que por naturaleza, precisa de unas construcciones sintácticas muy elaboradas y llenas de matices para presentar un discurso coherente, y tener que enfrentarte a otra que es casi todo lo contrario… Te deja la neurona del lenguaje, (que ya lleva unas cuantas semanitas haciendo el pino cada vez que la pones a trabajar) reventaíta perdía a la pobre…

sábado

DECEPCIÓN Nº 2

Estoy en racha. Pero no de premios. Eso no. En racha de expectativas frustradas.
Si fuera un personaje de una metanovela, de esos que se rebelan contra el destino que les marca la pluma de su creador, pensaría que me utiliza a voluntad para hacerme purgar todos sus pecados.
Ya os conté ayer la decepción número uno a costa de una birria de taza de chocolate caliente. Anoche llegó la número dos en forma de fiesta universitaria. Bueno más que una fiesta universitaria, aquí le llaman la “Flirting Party” o “Fiesta del Ligoteo”. Os podéis imaginar lo que se puede encontrar en un lugar como ese. Todo tiene cabida en la viña del señor.
Pero también es verdad que no iba yo con la intención de ligoteo. Mentiría si os dijera lo contrario. Simplemente me apetecía ver qué hacen los universitarios en este país, un viernes por la noche. Claro que eso y nada es lo mismo.
La noche empezó sobre las nueve, camino de casa de Evelyn, a casi treinta minutos andando desde la residencia.
Hasta que no llegue la dichosa Oyster, nos movemos a pie. Facilitando, porque no, que baje volumen del trasero que la genética familiar me dio.
Es verdaderamente difícil orientarse en una ciudad donde las calles tienen nombres a veces tan rebuscados. Además, tienen la mala costumbre de nominarlas con un simple cartelito blanco de chapa, pegado en la esquina de dicha calle. Los miopes como yo, que por la noche nos convertimos en verdaderos viandantes zopencos, sufrimos mucho por tan curiosa decisión de señalización urbana.
Y fue en casa de Evelyn donde empezó el “festival del humor”. Gracias a este aparatito:


Estábamos tan tranquilos sentados en la cocina, tomando algo, cuando de pronto empezó a sonar la alarma antirrobo. Pensamos que sería un momento. Pero no. Pasaron cinco, diez, quince, veinte, veinticinco minutos y nada… Los oídos parecía que te iban a explotar. Las luces también empezaron a hacer el tonto y estar allí dentro, con la calefacción a una temperatura desorbitada, se convirtió en un verdadero infierno.
Finalmente llegaron los del servicio de seguridad de la universidad (porque el piso pertenece a la Queen Mary) y los dejamos allí, peleándose con el dichoso cacharro que aullaba como un histérico.
Nos fuimos camino del campus, buscando la famosa fiesta “Flirting”. No sé para qué. Menudo chasco. Aquello estaba lleno de chicas con vestidos mínimos y tacones máximos, y chicos barbi-lampiños pasados de vueltas por el exceso de cerveza. Además, pagar tres pounds para meterte en una sala con luces rojas, y estudiantes universitarios que no llegaban ni a los 22… No tenía muy buena pinta.
Los ingleses, al igual que con las tazas de chocolate, tampoco saben montar fiestas universitarias. Esto, en comparación con lo que se montaba en mi facultad, allá por tierras catalanas, es una verdadera cutrería. Ya me lo dijo un buen amigo, hace un par de días en un mail: “Emma, que esa gente son muy raros. Que no son de sangre caliente como nosotros, y aunque se crean que son el culo del mundo, nuestra condición de mediterráneos les pega siete vueltas”.
Qué gran verdad! Voy a tener que ponerlo en el altar de mis frases para “superar” el choque cultural.
Terminamos la noche en un pub cercano, haciendo algo tan típico como esto, y sobretodo, acompañándolo con muchas risas…


Definitivamente, esta semana no ha sido la mía.
Quizás sí soy el personaje de alguien y lo que tengo que hacer es que purgar algún pecado...

martes

LO INEFABLE DEL LENGUAJE

Según el DRAE, inefable: Del lat. ineffabĭlis, indecible). 1. adj. Que no se puede explicar con palabras.
Y si apuramos un poco más y buscamos una definición algo más extensa, nos aparece esto: Que no puede ser dicho, explicado o descrito con palabras, generalmente por tener cualidades excelsas o por se muy sutil o difuso.
Bueno, pues resulta que cosas excelsas tampoco es que me estén asaltado día sí otro también, pero sí que me ha asaltado el factor inefable del lenguaje. Eso sí, digamos las cosas con propiedad. El factor inefable de la lengua inglesa.
A mí, a la más parlanchina de las parlanchinas que hay en este mundo. A la que de pequeñaja le decían que su hubiera nacido muda reventaba. A la que es incapaz de frenar las palabras que le asaltan atropelladamente la garganta. A la que todos sus amigos miran de reojillo a ver con qué va a saltar esta vez.


Esa, amigos míos, soy yo. Una “yo” que de golpe parece que se ha quedado muda. Y es que la barrera lingüística ha hecho mella en mí y me ha dejado sorprendentemente callada y reservada. Y no es que haya sido porque me he quedado sin nada que decir. Eso no. Pero, cuando algo no sabes como contarlo, como explicarlo, como expresarlo, tu mundo se limita. Te ves atenazado en un espacio donde las ideas fluyen por tu cabeza. Los razonamientos están bien estructurados, son coherentes y con sentido pleno… Pero, eres incapaz de articular un discurso bien hilvanado y comprensible para los que te rodean.
Te asaltan mil dudas y neuras. Te preguntas si habrás hecho bien en lanzarte a la aventura de un país diferente al tuyo, con una lengua que es bastante misteriosa para ti y de la que día tras día te sorprendes más.
Te sientes como pez fuera del agua y una vocecita dentro de ti no hace más que gritar: “Leches!! Con la de cosas que podría preguntar, y explicar… y me quedo aquí calladita sin saber como cogerle los cuernos al toro. Con las ganas que tengo de aprender y también de mostrar lo que sé a aquellos que me rodean”.
Definitivamente, a ratos, estoy Lost in Translation

Por cierto... La foto es de aquí

lunes

DON QUIJOTE "MADE IN LONDON"

Esta mañana, cuando me he conectado al buscador Google ha aparecido esto.


No recordaba que hoy se celebra el nacimiento de Cervantes. Un 29 de setiembre, pero de 1547, y en Alcalá de Henares, es la fecha que tradicionalmente se considera la más fiable para situar al autor en este mundo.
Curiosamente mi día también ha estado marcado por Cervantes. Y como no por su obra cumbre “El Quijote”.
Sí cosas del destino. Lástima que el destino no me depare (espero que de momento) otras cosas más interesantes que reencontrarme con esta novela, once años después de haberla leído por primera vez.
Recuerdo a la profesora que nos la presentó como temario casi único en una asignatura de primero de carrera. Y también recuerdo como un colega de departamento, al saber de “tan grata lectura” nos dijo que éramos unos privilegiados. “Nunca volveréis a acercaros a esta gran novela como lo haréis ahora. Con la inocencia y la candidez de quién la leer por primera vez. Os envidio y me sentiría muy orgulloso de estar en vuestro pellejo ahora”.
Por aquel entonces yo ya tenía bastante desarrollado el humor irónico y algo soscón que ahora ya es como un organismo parasitario que se mueve a sus anchas en mí. Me reí. Me reí mucho y con muchas ganas.
En casa circulaba una edición antigua, de esa de tapa dura con letras en oro. Tenía más años que yo y mi hermana juntas.
Empecé a leerlo, y la verdad, no sé en qué nos envidiaba mi profesor. No os engaño al decir que, literalmente, me quedaba frita encima del mamotreto. Será toda la gran obra maestra de la lengua española, y fundadora del género de la novela. Peeeeero… A servidora le pareció un soberano tostón.
Cual fue mi alegría, el lunes pasado, cuando recibí un correo de uno de mis profesores durante este semestre. Una alegría mayúscula: para esta primera parte del curso vamos a leer “El Quijote”.
No me dio por llorar porque estaba con fiebre y ya estaba llorando por lo mal que me encontraba. ¡No me lo podía creer! ¡Otra vez no me podía estar pasando! Pues sí. Era real, muy real. Extremadamente real.
Tanto como que hoy de dos a cuatro de la tarde he tenido que “sufrir” de nuevo, una clase sobre El Quijote. La obra que nos muestra: el loco cuerdo; el último soñador del mundo antiguo; el que “desface entuertos”; la parodia de los libros de caballerías; la sátira de la literatura de la época; los últimos coletazos del mundo “antiguo” y la inminente llegada de la industrialización; las lecturas simbólicas del romanticismo… Eso que en esencia es tan interesante, pero que a mi me tiene un poco harta y aburrida. El Quijote hasta en la sopa cansa, cansa bastante, y acabas atragantándote con él.
Sí lo sé. Ahora me echaréis a los leones por decir que no me gusta El Quijote. Pero es inevitable. Por lo menos para mí, que aunque le ponga todas las ganas, me quedo frita delante del libro.
Pero es que agarraros…. Lo peor de todo viene cuando lees esto: “In a village of La Mancha, the name which I purposely omit, there lived not long ago, one of those gentleman, who usually sep a lance upon a rack, an old target, a lean horse, and a greyhound for coursing”.
Por poco me caigo de la silla en medio del aula. Yo, la que además de llegar tarde (otra vez la organización ha brillado por su ausencia y nos han mandado al quinto pino a mano derecha en un campus grande grande como un día sin pan), no ha podido callarse esa boquita que tiene y le suelta al profe: “Mmmmm yo me lo he leído en español, hay algún problema?” A lo que me responde: “En español de la época?”. Y yo: “Mmmm sí, no es difícil de entender. Por qué?” A lo que vuelve él a responder: “Porque tienes mucho valor de enfrentarte al español del siglo diecisiete en una novela tan larga”.
A mi se me ha pasado otra palabra antes que “valor”. Más bien le hubiera puesto “pachorra” de volver a leer ooootra vez el mismo tostón.
Ya me ha fichado. Él y el resto de compañeros. “La repelente que se lo ha leído en español. La Erasmus rarita que se atreve a opinar sobre la novela. La bocazas que ha acertado las preguntas que ha lanzado el profesor al aire, durante la clase.”
Aunque no os negaré que, por primera vez en bastantes días, no me he sentido estúpida y fuera de lugar.
A pesar de las interferencias de un inglés con acento algo raro para mí, el profesor ha acabado fijándose casi exclusivamente en mi cara a la vez que iba desplegando sus teorías sobre el libro.
Pobrecito mío. El interés que ponía yo no era por el libro, sino por entender el inglés con acento indescifrable que hablaba y poder practicar yo un poco el mío chapucero.
Es que si ya es una pu… que tenga que volver a leerme el libraco, aún lo es más que tenga que ser la versión “Made in London”.

Virgencita, virgencita, que me quede como estoy. Vaya a ser que me de un aire de esos traicioneros y termine por gustarme…

domingo

ACUÉDATE DE LLAMAR!!!

A quién más quien menos, eso se lo han dicho muchas veces, cuando se vive fuera de casa. Hasta el momento a mí no me había pasado nunca, pero ya puedo decir que soy una especialista en oír esa frase.
Mil aventuras son las que tienes que montarte para que a final de mes la factura del móvil no eche una humareda de mil demonios. Que si llamadas a cobro revertido, que si haces una perdida para que te llamen al fijo de la residencia…
Pero amigos míos, el mundo de las llamadas a casa cuando estás en el extranjero ha cambiado y mucho. Y si no que se lo digan a mi madre, que si por ella fuera, estaría to’ el santo día enganchada a la pantalla del PC.
Bajo éste logo…

… Se esconde la alegría más grande de nuestras sufridas madres, que ven como sus polluelos vuelan del nido, y que no contentos con ello, también de país.

Que a ver como es tu habitación, que si enséñame los pantalones tan chulos que te has comprado, que si quiero ver como has colgado los pósters que te llevaste de casa…
Eso de contarle a una madre, lo que has hecho durante el día, sentada en la moqueta de la residencia, con los pelos hechos unos zorros y en zapatillas de estar por casa… Ha pasado a la historia.
Y lo más curioso del caso es que acabas diciendo lo mismo que si hablaras por teléfono, pero ya se sabe… En la era de la imagen, lo que no se puede ver es como si no existiera o fuera menos verdad porque no se puede contemplar.
Y en casa ven algo como esto…


Un careto redondo, amorrado a la dichosa webcam que no hace más que transformarte en un monstruo lleno de píxeles, y te convierte en una imagen que navega por el ciberespacio.
Al otro lado, los tuyos se dan cuenta de que estás igual. Que la distancia, el cambio de país, de idioma, de comidas… no te han transformado en un ser de color verde, con antenitas que revolotean alrededor de tu cabeza y que tu voz (salvando las distancias que pueda ocasionar una tecnología no siempre tan excelente de cómo te la venden) sigue siendo la misma.
Que sí familia! Que sigo siendo yo!
Vosotros tranquilos que esto es diferente, a veces incluso algo raro, pero que por poco que pueda seguiré siendo la misma… Vaya a ser que cuando volváis a verme en carne y hueso no me reconozcáis… Eso sí que sería una verdadera pu... y no que el portátil se quede sin batería... ¿A que si?

miércoles

UN MIÉRCOLES CON FERNANDO

Como no podía ser de otra manera en esta ciudad, esta mañana se ha despertado lloviendo. Bueno en realidad con ese “meamea” tan característico, que unido a la neblina que aquí debe ser monumento nacional, le da al día un tono gris y de invierno.
Ha llegado el paquete que esperaba. Meme se ha portado como una campeona y me lo han traído hasta la misma residencia. Tener que cargar con quince quilos, con los más de cuarenta que ya cargué hace diez días, ya iba a ser demasiado para el cuerpo.
Por fin tengo conmigo mis deseadas novelas de John Irving. Con la prisa que me di en pedirlos, y al final no pude meterlos en la maleta. La caja también estaba rellenita con mis gramáticas, mis apuntes de la tesina y las reseñas de bibliografía. Además, otro trocito de mi armario, que fue imposible meter en el maletón.
El día no acompañaba, pero no era plan salir echa unos zorros. Ya tuve bastante con la noche del martes que pensaba que no conseguiría bajarme la fiebre de ninguna manera. No me he calzado tacones porque todavía no tengo ningunos aquí, pero… Todo se andará. De momento me he quedado con mis zapatos rojos. Yo siempre tan discreta con los colores….
Eso sí, señoras y señores, definitivamente he recuperado el maquillaje negro para los ojos.

Hacía ya mucho tiempo que lo tenía desterrado, pero este vuelve a ser mi momento. Como decía aquella cantante “yo siempre tan discreta, arreglá pero informal”.
Hoy el día ha sido de matrimonio. Totalmente. Mi amigo Fernando y yo nos hemos pasado el día entero juntos. Por la mañana visita al hospital del ordenata… Sí, se le ha puesto malito y eso aquí es poco más que una tragedia. Hemos llegado ya a un punto en el que no se sabe si somos usuarios de la tecnología o directamente esclavos de ella. Con un poco de suerte y en el appointment del domingo, todo se solucionará.
De camino a la facultad nos hemos encontrado con esto…

Yo no había visto nunca un cine donde las películas se anunciaran así. Es que ni en el antiguo cine de mi pueblo, que no existe desde hace por lo menos quince años, anunciaban las películas de esta manera. Me da a mi que estos ingleses, tan modernos tan modernos tampoco son...
La facultad, con su torbellino característico. Miles de caras diferentes, vestimentas, acentos, edades, nacionalidades… Una verdadera torre de babel en un campus laberíntico. Para perderse como llegues por la mañana un poco adormilada.
Y la típica comida inglesa, a las doce y media del mediodía, con un simple sándwich, aquí tan en boga. Qué hartar de reír nos hemos dado al ver la hora que era. Ni nosotros nos lo podíamos creer. A la una del mediodía y ya habíamos terminado de comer. Parece mentira lo que hacen las costumbres. Aquí comemos a las doce, cuando en España, a esa hora estás por el segundo café de la mañana, y si me apuras mucho y tienes aún un poco de hambre, con un mini de queso calentito.
Pero no os penséis que hemos desaprovechado la visita a la cafetería del campus. Eso nunca!


Aquí tan aplicada, intentando entender la dichosa ficha para que te manden la tarjeta mensual del metro con un treinta por ciento de descuento. De algo tenía que servir que sea otra vez estudiante universitaria, ¿no?
Cuando vi en el formulario “+18 full time-student” por poco me atraganto con la risotada que me entró. Tengo ya unos cuantos más que 18, estaría bueno ahora que tuviera que adjuntar también una fotocopia del pasaporte.


Y ya de vuelta a casa, depués de pasarnos por el super, nos hemos encontrado con una invitación que ha sido inevitable rechazar. O es que... ¿Quién se resiste a algo como eso? Además armados con una botella de vino como íbamos?

Lo que hacen los equívocos entre lenguas... Seguro que para los inglesitos esto significa otra cosa... Pero servidora no estaba hoy como para ponerse a buscar en el diccionario... Si alguien me hecha un cable, se lo agradeceré.

Y la diversión que nos esperaba no era otra que…

Esa tarea tan sencilla pero que en un país con una climatología tan puñetera, por no decir otra palabrota, y donde además nuestro espacio vital se recude a una triste habitación de residencia universitaria, se convierte en una gran aventura. Si no me creéis. Fijaros en esto...

Y así termina una...

Tonta perdía y con la neurona algo histérica, pensando en cómo narices conseguirás que se te seque toda la ropa y que no tengas que vestirte con lo primero que pilles en el mercadillo del barrio.
Y después de la dura jornada londinense, qué mejor para reponer fuerzas que una buena cena... Vaya, la típica de todo estudiante que se precie (que para eso he dejado de formar parte del grupo social de los currantes, para volver a ser estudiante!)

Vaya... Un día en pareja con todas las de la ley. Y como ha dicho Fernando: "Solo nos falta que metamos los niños en la cama y que nos tumbemos en la cama a leer el periódico". Claro que..., si su novio se entera, que nuestro día ha sido de matrimonio bien avenido, no creo yo que se lo tome con mucha guasa...