jueves

RETAZOS III

  • Levantarte por la mañana, en pleno East End londinense, con el canto de los pájaros y los rayos del sol que se cuelan por debajo de la cortina opaca de tu ventana. En el fondo, eres una privilegiada.
  • Ir caminando hasta la facultad, en un agradable paseo de apenas 20 minutos, medio reconvertida en londinense. Con un café con leche calentito en una mano y escuchando mi música preferida en el ipod.
  • Comprobar una vez mas que las inglesas rien “raro”. Que empiezan con una risita tonta, y terminan soltando un verdadero alarido nervioso, escandaloso y perfectamente audible a muchos metros de distancia.
  • Sentir que por fin, la dichosa gripe que te ha tenido viviendo solo a medias durante los últimos quinze dias, se va y te libra de su mano oscura. Darte cuenta también, que cuando estás lejos de una cara conocida y querida, estar pocha es una gran p***
  • Ver cómo, asombrosamente, las cosas puedes cambiar mucho, muchisímo, de la noche a la mañana. Que cuando menos te lo esperas algo aparece en medio de tu camino y puede darle un nuevo giro a tu vida.
  • Rebuscar por ese gran amigo que es Youtube y encontrar una de las canciones que siguen poniéndome las carnes de gallina cuando la escuchas. Nunca pasaran los años para la Reina...




PD: otros retazos... I y II

lunes

YA ESTABA TARDANDO MUCHO

Ya iba siendo hora actualizar esto. Que me da hasta vergüenza abrir todos los días el blog y ver la misma entrada desde el día 10. Llevo ya casi 15 días en la Pérfida, después de las vacaciones de navidad, y las novedades se han sucedido bastante vertiginosamente.

Pues nada ahí vamos.

Por fin encontré piso nuevo, en el mismo barrio donde vivo ahora, pero con la ventaja que está a 200 metros de la boca del metro y a 250 del bus que me deja al ladito de la universidad. El fin de semana que viene ya estaré instaladita en mi nueva room. Algo más pequeña que la que tengo ahora en la universidad, pero muy cuca y acogedora. ¿Qué más se puede pedir verdad?

La semana pasada empecé las nuevas asignaturas en la facultad, y aunque reconozco que me van a dar mucho trabajo con infinidad de lecturas, la primera impresión es muy buena la verdad.
Una sobre cine (que ya cursé el primer semestre, pero que ahora ha cambiado de profesor y ha resultado ser un encanta de mujer, además de una excelente comunicadora); otra sobre literatura comparada que me va a exigir muchas horas de lectura, me lo veo venir; y otra sobre Londres y su representación a través de la literatura, el cine y la pintura desde el siglo XIX hasta los primeros años del XXI.
Vaya, que como siempre, me acabo liando y cogiendo asignaturas de enjundia. Como cuando estudiaba la carrera en España. Si es que a ratos parece que soy algo “masoca” para qué negarlo. Pero bueno. Ya no me puedo echar para atrás y tendré que “afrontar al toro” lo mejor posible.

En general la vuelta a la ciudad ha sido relativamente tranquila. Más de lo que me imaginaba. Eso sí, un momento de crisis inicial no me lo pude ahorrar. Pasarte tres semanas en casa, volviendo al “origen” hace que te des cuenta de lo que “tienes que pagar” para estar donde estas. Pasas de estar rodeada de gente a estar sola de nuevo. Teniéndote a ti misma casi como única compañía para hacerlo todo e ir a todas partes. Creedme, es “chungo, mu chungo”.

Pero no nos vamos a dejar vencer por los malos momentos no? Mal andaría el patio si lo hiciéramos. Como le dije a un amigo estando aún en casa, hay que intentar "no sucumbir a la apatía y a sus rémoras", a lo que él muy inteligentemente me corrigió "vencer a la apatía y sus rémoras". Pues eso. Que en ello estoy. A ver si saco mi cabezonería de serie y lo cumplo.

No os vayáis muy lejos. Prometo estar de vuelta prontito….

domingo

SOÑAR

Anoche soñé que bailaba un tango. Me vuelve loca el tango. Es la única música que va directamente al corazón, sin pasar antes por el cerebro. Si consigues que te atrape una sola vez, ya es demasiado tarde. Has caído totalmente en sus redes.

La melodía no podía ser otra que el "Por una cabeza" de Gardel .No sé lo que eso puede significar. Si es que los sueños significan algo, claro. Me enfundaba un traje negro, con una falda ajustada y unos tacones de vértigo.
Al final todo acabó de la forma menos poética que os podéis imaginar: mi hermana entrando a mi habitación, cual huracán, y despertándome ruidosamente.

Quien fuera Gabriel Anwar en esta escena... Pero ya os digo aquí y ahora, que en mi sueño, yo lo bailaba con mucho más garbo.

:)

PD: No sé a santo de qué soñé yo eso... Creo que la navidad, con todos sus excesos, a cada uno nos pasa factura a su manera... :)


martes

INTENTAR EVITARLO

Los tiempos en que una buena nota servía para alegrarte el día, parece que ya han pasado a la historia. Hoy me han dado un notable alto, casi excelente y me he quedado igual. La verdad es que me interesa poco la nota. Me hago mayor? O es que eso le pasa a todo el mundo que lleva casi media vida estudiando?

Hoy los ánimos están un poco bajos. Hoy me he dejado llevar por mi cara más “pachanguera” y escucho esta canción sin parar. A ver si me alegra un poco el día y se despejan las nuves que se pasean por mi mente. Por lo menos, intento evitar que acaben por invadirme por completo...


jueves

FALTA DE INSPIRACIÓN

Eso es lo que me pasa últimamente a la hora de plantarme delante de la pantalla del portátil e intentar explicaros alguna novedad.

Tampoco es que haya sucedido nada espectacular ni del otro mundo, pero desde el pasado viernes si que he estado en varios sitios de los que me gustaría mostraros fotos. Pero estoy como saturada. Será que el agobio que poco a poco se está apoderando de mi. El agobio de la inminente llegada de los essays finales antes de volverme a casa por vacaciones, me está alterando un poquito.

Y no solo eso… También el saber que cuando vuelva tengo solo tres semanas justas antes de que se me acabe el contrato de la residencia y me quede literalmente de “patitas en la calle”. Será que llevo unos días demasiado embotada con las dichosas lecturas de bibliografía, pero, la verdad es que veo las cosas de un color no demasiado cercano a la gama de los blancos.

Pero todo no iban a ser risas y buenos momentos ¿no? Esta tarde he estado hablando con un profesor catalán que da clases en mi facultad, y me ha dicho algo que me ha encantado: “Las cosas vienen sin que las busques. Hay que dejarlas fluir. Ya verás que lo solucionarás todo, y sobretodo, que lo habrás echo tú solita y a muchos kilómetros de distancia de la tierra que te vio nacer”.

Me quedo con eso. Por lo menos me alimenta un poco el espíritu. Ese espíritu que lleva unos días un poco cansado y maltrecho.

martes

RETAZOS

...Encontrarse con un español en el seminario de cine, con medio pinta de “caballero-señorito-truhán” andaluz. Sin saberlo, hablar con él en inglés hasta que su acento empieza a rechinarte algo extraño en los oídos.

...Darse cuenta de que la pseudo-Bette Davies es en realidad un encanto y un dulce de muchacha. Resulta convertirse en un “pozo” de sabiduría cinematográfica y de saber historico-político-cultural.

...Sentirse “Lost in Translation once again” cuando intentas expresar la extraña mezcla entre arte y propaganda que detectas en dos películas tan diferentes pero a la vez tan similares, como son El Acorazado Potemkin y Syriana.

...Ver como un chico le tira los trastos a una chica que no está por “el tema”. Un chico que lleva escrito en la frente “me creo un latin lover, no ves que lo llevo en la sangre”. Y una chica de estilismo imposible y de inglés ininteligible, que no parece estar impresionada por “la marca de raza”.

...Convertirte en consejera sentimental virtual, cuando las horas de la noche empiezan a hacerse “pequeñas”. Acabar sintiéndote la hermana mayor, una vez más, pero cambiando el sexo a tu “hermana”. Y sobretodo, darte cuenta de que cuando estás tan lejos, cualquier persona con la que puedas desrrollar una cierta empatía se acaba convirtiendo en casi parte de tu “familia postiza” en la distancia.

...Sentirte contenta y tranquila porque un reto que te tenía algo asustada apunta vises de convertirse en una experiencia muy enriquecedora.

...Darte cuenta de que los momentos de tristeza y soledad siguen ahí. Que no se fueron y que te acompañarán algún tiempo más. Pero a la vez, comprobar que son necesarios y saludables. Que te dan fuerza y carácter. Que aunque cuando te ves sumergida en ellos, sean duros y deseperantes, vistos desde la distancia que da el paso del tiempo, te parecerán grandes momentos de autoaprendizaje.

...Levantarte por la mañana sintiéndote un poquito más en casa, escuchando a uno de los grandes, con los que te criaste desde que eras una bebena. Nada... cosas de tus padres que eran progres y te arropaban en la cuna escuchando palabras que salían de la pluma de este genio...

domingo

NOTTING HILLEANDO A LA ESPAÑOLA

Si estuviera en casa, allá en tierras catalanas, alguien que yo me sé me diría algo como: “Nena, avui estas florida eh?”. Si estuviera a su lado le diría “No només avui, tota la setmana”.

Y es que esta semana que hoy termina, ha tenido de todo: clases amenas; clases soporíferas; estrenarse como profesora de español; recaída al resfriado “fiebroso”; momentos de nostalgia mediterránea; trabajos sorpresa que se convierten en sorprendentemente sospechosos; alguna que otra muestra de arranque de mi carácter explosivo por las “dudosas” costumbres higiénicas de dos de mis compañeros de piso; horas de lectura estresantes; y caída en los topicazos que tan poco me gustan. ¿Es o no es para estar “florida”?

Y ayer llegó la gota que colmó el vaso para rematar estos siete días “morriñosos” y mohínos, marcados por un principio de añoranza de los míos y de mi rutina a más de mil kilómetros de aquí.

¡Qué agobiante es pasearse por un Notting Hill literalmente asediado de españoles! Definitivamente estamos hasta en la sopa. Allá donde pusieras la oreja, oías a catalanes, andaluces, valencianos, gallegos, madrileños… Me parecía más estar paseando por las Ramblas, que no por uno de los barrios más “posh” de Londres.

Lo de agobiante lo digo por una cosa: la cara de zoquetes que tenían algunos cuando contemplaban lo que allí se congregaba. Eran verdaderos “panolis” vestidos a la última moda, pero con una concepción de lo diferente y lo variado, que dejaba muchísimo que desear. A veces me pregunto que porqué se molestan algunos en viajar si lo único que terminan haciendo es criticar todo lo que ven, casi por sistema.
Además, algo como todo esto no es que sea tan criticable, vaya, digo yo…




Y lo de la gota que colmó el vaso es porque, cayendo irrefrenablemente en esos topicazos que tan poco me gustan, no pude evitar acabar comiendo esto:



Sí señores. Paella y choricitos al vino en el corazón de Londres, por gracia de Hermanos García, afincados en esta calle…

… desde hace casi cincuenta años.

No se parecía al delicioso arroz a la cazuela que guisa mi madre y que te quita el hipo. Ni a los chorizos andaluces que mi padre cocina a la parrilla cada vez que en casa se come carne a la brasa. Peero, sí fueron muy aptos para quitarte la espinita de recordar sabores que aunque solo hace cinco semanas, te parecen muy lejanos.

Mal empezamos si con tan poco tiempo comienzo a decir esto, lo sé. Pero es lo que tiene venir de una familia donde se cocina taaaaan espectacularmente bien (y no lo digo yo por formar parte de ella, os aseguro que hay mucha más gente que lo ha comprobado y os lo dirían aquí y ahora), y en la que no somos especiales amigos de salir de restaurantes, precisamente por eso.

Pero es que creo que se me está empezando a reblandecer algo el coco. Ese que según mi madre, siempre he tenido tan duro. Quizás es que estoy perdiendo ese deje inconscientemente intelectual que mi padre siempre me ha dicho que tengo… Será que estoy algo lejos de mi casa y con la distancia todo parece que tiene otro color… O simplemente será que con tanto esfuerzo para amortiguar lo mejor posible el choque cultural, a veces me sorprendo a mi misma divagando sobre lo divino y lo humano sin tener ni pajolera idea de porqué lo hago.

El caso es que ayer me fui al barrio más “in” de Londres y acabé sintiéndome como en la Plaza Mayor de Madrid. Solo faltaba encontrar un puesto de bocatas de calamares (con lo ricos que están), y ponerse a gritar allí en medio “Gibraltar español, Malvinas argentinas”. El día hubiera terminado redondo.

lunes

LA CRIATURA CUMPLE UN MES

Soy madre primeriza. Estoy empezando a asimilar como hay que cambiarle los pañales, los horarios de las comidas, como manejar el cochecito por las calles… Pero es evidente que aún falta mucho para conseguir que el bebeno se pueda medio valer por sí mismo y no tenga que estar yo ahí detrás todo el día.

Os pensaréis que me he vuelto loca. Algo más de lo que estaba sí, pero no tanto como para imaginarme que he parido sin haber estado ni tan siquiera preñada. Pero es que hoy se cumple un mes exacto de mi llegada a esta ciudad. Hoy hace un mes empecé “esto” que de momento no sé hasta donde me llevará.

Han pasado muchas cosas. He conocido a mucha gente. He empezado a sentirme hormiguita de este gran hormiguero que es Londres. He tenido que enfrentarme a alguna que otra situación que no creía que volvería a ocurrirme. Pero lo que se está convirtiendo en lo más valioso que estoy cosechando aquí es que me estoy dando cuenta que, con fuerza de voluntad, seguridad en una misma y muchas, pero que muchas agallas, se puede conseguir lo que te propones.

Pero lo más curioso del caso es que me siento tranquila. Sin ese barullo de nervios en el estómago que hace unos años (y en realidad desde la adolescencia), me han atenazado la voluntad y han hecho que me retraiga en muchas cosas. Me sonrío a mí misma, viéndome caminar con decisión por las grandes calles de la ciudad. Cogiendo el metro y el bus cada vez con más soltura. Y sentir ese repelús en la nuca cuando me planto delante de algún lugar que he visitado miles de veces mentalmente y al que por fin me planto en carne y hueso.

No os negaré que los primeros días fueron difíciles. Mucho. Las lágrimas corrían por mis mejillas a la primera de cambio. Me sentía sola. Perdida en medio de tanta gente. Preguntándome qué hacía yo aquí, dejando toda mi vida y mi gente a unos cuantos cientos de kilómetros.

No puedo jurar y perjurar que esos momentos hayan acabado aún. Hay algunas veces en las que lo mandarías todo a freír espárragos y volverías a tu rutina conocida y segura. Pero te das cuenta que estás en el primer vagón de la locomotora. Que está empezando a coger velocidad y que ya que por fin has conseguido subir a él, no vas a permitir que nada te obligue a bajar de él. Por lo menos, nada que se pueda solucionar con paciencia, esfuerzo y perseverancia.

Estoy de “mensuario” con un resfriado considerable. Con la cabeza como un bombo cada vez que tengo que romperme los cuernos para expresarme en inglés. Y con un artículo sobre política inglesa que me está apretando el culete esta noche… Imaginaos si está la cosa tranquila como para poder permitirse el lujo de dormirse en los laureles.

Y como diría si esto fuera una función de teatro - cabaret: “Señoras y señores. El espectáculo no ha hecho más que comenzar. Tomen asiento, porque la historia que van a presenciar, puede que les cambie la vida”.

martes

LO INEFABLE DEL LENGUAJE

Según el DRAE, inefable: Del lat. ineffabĭlis, indecible). 1. adj. Que no se puede explicar con palabras.
Y si apuramos un poco más y buscamos una definición algo más extensa, nos aparece esto: Que no puede ser dicho, explicado o descrito con palabras, generalmente por tener cualidades excelsas o por se muy sutil o difuso.
Bueno, pues resulta que cosas excelsas tampoco es que me estén asaltado día sí otro también, pero sí que me ha asaltado el factor inefable del lenguaje. Eso sí, digamos las cosas con propiedad. El factor inefable de la lengua inglesa.
A mí, a la más parlanchina de las parlanchinas que hay en este mundo. A la que de pequeñaja le decían que su hubiera nacido muda reventaba. A la que es incapaz de frenar las palabras que le asaltan atropelladamente la garganta. A la que todos sus amigos miran de reojillo a ver con qué va a saltar esta vez.


Esa, amigos míos, soy yo. Una “yo” que de golpe parece que se ha quedado muda. Y es que la barrera lingüística ha hecho mella en mí y me ha dejado sorprendentemente callada y reservada. Y no es que haya sido porque me he quedado sin nada que decir. Eso no. Pero, cuando algo no sabes como contarlo, como explicarlo, como expresarlo, tu mundo se limita. Te ves atenazado en un espacio donde las ideas fluyen por tu cabeza. Los razonamientos están bien estructurados, son coherentes y con sentido pleno… Pero, eres incapaz de articular un discurso bien hilvanado y comprensible para los que te rodean.
Te asaltan mil dudas y neuras. Te preguntas si habrás hecho bien en lanzarte a la aventura de un país diferente al tuyo, con una lengua que es bastante misteriosa para ti y de la que día tras día te sorprendes más.
Te sientes como pez fuera del agua y una vocecita dentro de ti no hace más que gritar: “Leches!! Con la de cosas que podría preguntar, y explicar… y me quedo aquí calladita sin saber como cogerle los cuernos al toro. Con las ganas que tengo de aprender y también de mostrar lo que sé a aquellos que me rodean”.
Definitivamente, a ratos, estoy Lost in Translation

Por cierto... La foto es de aquí

PORQUE OS LO DEBÍA...

Hace ya semana y media que llegué a esta ciudad y aún no me había acordado de vosotros.
Miento. Sí que lo he hecho, muchas veces, pero la vorágine de cambios, novedades, momentos sorprendentes, momentos más tristes…, han hecho que no me haya sentado aún a pensar concienzudamente en vosotros.
¿Y qué puedo contaros? Muchas cosas la verdad.
Pero eso ya lo iréis viendo (o mejor dicho, leyendo) por estos lares, donde intentaré explicaros todo lo bueno y lo malo que le pase a esta loca que os escribe. Esta loca, que a pesar de estar bastante segura de sí misma, y echar mano de la madurez que le ha dado el sufrimiento y las alegrías, a ratos está poco más que cagada de puro miedo.
Porque sois muchos los que habéis estado a mi lado desde el principio de toda esta aventura. Os lo debo a todos.
A toda la gente que me acompaña día tras día, que sé que seguís ahí, cerquita, ahora también desde de la distancia.
A los que conocéis mis neuras; mis miedos y mis alegrías; mi mal genio de algunos ratos; mis ataques de risa contagiosa que muchas veces decís que es como si llegara el sol a la habitación donde estoy; mi sentido del humor irónico, algo negro y sarcástico; mi casi obsesión por hacer las cosas bien hechas y tenerlo todo controlado; mi pasión por la lectura y la música "algo extraña" como algunos definís; mi sonrisa siempre preparada aunque por dentro esté chillando de furia o esté nerviosa y asustada como un potrillo; los malos despertares de algunos días; mi a veces exagerado sentido de la justicia y de lo que no es moralmente aceptable; mis lágrimas inesperadas cuando algo me sorprende y me toca la fibra; mis perezas y mis prisas; mi lado más serio y algo cortante,…

Y es que ha todos os debo un GRACIAS enorme.

A papá y mamá, y a Meri. Por soportar día sí y otro también, que estuviera dándoos la lata con mi viaje. Por la cantidad de charlas, y tantos ratos y momentos en los que por hache o por be acababa saliendo el tema. Siempre ahí, sin agobiarme, pero siempre pendientes de los pequeños logros que iba consiguiendo día a día. Por vuestras eternas e incondicionales muestras de cariño y comprensión. Gracias por vuestra paciencia infinita y estar ahí en todo momento.
A mis niñas, que las circunstancias de este año me han tenido tan apartada de ellas. Siempre habéis estado ahí y no habéis dudado nunca en que finalmente conseguiría lo que tanto he perseguido en los últimos años.
A mis compañeros del museo, que os habéis portado como unos campeones. Y sobretodo a ti I, que has sido mi querida compañera de andanzas desde el pasado diciembre. Has estado ahí siempre. Con tus ánimos y tus tazas de te a media mañana, ayudándome a dibujar esta aventura.
Y a la gente del local, que me disteis la mejor de las despedidas posibles. Que me demostrasteis que aunque no lo pienses, puedes llegar a ser importante o por lo menos algo necesaria para los que te rodean. Por vuestras palabras de apoyo. Y por hacerme saltar las lágrimas de alegría al decirme que se preparen estos ingleses, que llego yo con mi torbellino.
A F y J, porque me ayudasteis con el barullo de papeles, con los temidos currículos, con los consejos para amoldarme un poquito mejor a esta gran ciudad y también a esta cultura tan diferente a la mía.
A mi querido profe Joan, que creyó en mí desde el primer momento en cuanto le dije que me quería ir de casa, nada más y nada menos que a Londres. Por su apoyo y por ser la primera puerta de salida a esta etapa de mi vida.
A mi querido y admirado profe Jordi, que no dudó en brindarse en todo lo que pudiera necesitar para empezar, por lo menos la andanza académica, de la mejor manera posible.
A toda la familia, repartida por media España, siempre pendientes de cómo iban las cosas.
Y a todos los que hacéis que este blog siga día tras día. Por vuestras muestras de cariño y apoyo a través del ciberespacio.

Sí a todos vosotros, que aunque ahora mismo esté solita, sé que estáis ahí, siempre pendientes de lo que me vaya pasando. Y hoy, aunque ha sido un día difícil, y en algún momento se me ha venido a la cabeza esa letra del gran maestro “Qué va a ser de ti lejos de casa, nena, qué va a ser de ti...”, solo puedo evitar pensar una cosa: TODO IRÁ BIEN.
Porque sí, porque me lo merezco. Porque esta aventura es también un poco vuestra. Porque ha costado mucho llegar hasta aquí y porque no voy a rendirme a la primera de cambio. Y si hay que hacerlo, me reiré hasta de lo malo…

lunes

DE CUANDO LOS DÍAS NO SON LO QUE PARECEN

Escucha esto mientras lees...




El día se ha despertado soleado, con algo de viento, pero soleado al fin y al cabo. No ha sido fácil ponerse en pie.
Las piernas y la cabeza no parecían estar muy de acuerdo de cómo y hacia donde llevarme. Me he metido en la ducha y he abierto el grifo del agua caliente a tope. Las cervicales me matan, siempre me matan, y la única manera que tengo aquí para aliviar el dolor es dejar que el chorro del agua caliente me caiga directamente sobre ellas. Eso tendría que ser suficiente para poder empezar el día, pero hoy no ha funcionado.
He bajado a la cocina a desayunar algo. Pero eso es algo complicado cuando tienes el estómago algo revuelto. Solo se ha solucionado a medias, con un té calentito y un par de rebanadas de pan tostado con mantequilla.
A veces pienso que la cantidad de años que me he entregado incondicionalmente al café han sido un puro desperdicio. La de momentos que después de terminarme una taza el estómago empezaba a pegarme patadas, a hacer que las digestiones fueran eternamente largas…
Al subir a la habitación el tiempo ya había cambiado. Ha dejado de lucir el sol para empezar a nublarse un poco y hacer que el viento que corría fuera lo suficientemente frío para cortarte la piel del rostro. Sí, ya sé lo que me diréis algunos: “Espérate tú a que llegue el invierno y vas a saber lo que es tener frío de verdad”. Lo sé, me lo temo, y lo espero con resignación. Pero también es verdad que a mi me gusta más el frío que el calor. Eso de ir vestida a capas, cual cebolla, parece que me alivia el hecho de que últimamente mi figura ya no es lo que era. Además, como soy tremendamente casera, y prefiero las charlas con los amigos antes que la juergas en las discotecas, estoy segura que acabaré organizando más de un encuentro hogareño con mis nuevos amigos españoles.
Un encuentro en la que yo soy la mayor. La supuestamente más experimentada en esta sinrazón que se llama vivir.
Triste falacia, en la que los años y los títulos no son nada. Mucho empaque y poco fondo para qué engañaros. Si eso fuera garantía para no sentirte perdida, algo sola, un poquito triste, desamparada en según qué situaciones, bobalicona y tremendamente ridícula en otras… Si eso fuera garantía para tantas cosas como esas y más, os diría que sirve para algo. Pero no es así. No sirve absolutamente para nada.
Hoy alguien me ha dicho que se esperaba otra cosa al conocerme. No sé exactamente a qué se refería. A veces ni tan siquiera yo me conozco. Ni me entiendo. Ni me aguanto. Te creas la armadura, y te convences a ti misma, te autoimpones la obligación de no dejar que nadie vea que tiene agujeritos. La luces con la mejor de tus sonrisas y aguantándote las entrañas fuerte, muy fuerte, para que no se noten nada las cicatrices que quedaron. Pero están ahí. No se fueron nunca. Solo se escondieron bien, en el fondo más oscuro, para engañarte y hacerte creer que ya se habían ido. Pero tú resistes, les dices que se queden calladas, que ya son agua pasada, y que por lo que más quieran, te dejen tranquila.
Te das cuenta que la imagen que das en el fondo no se corresponde con tu ser. Enseñas tu yo impostado, el que construyes para los demás. El que tienes preparado para que las patadas no hagan salir moratones allá donde caigan los golpes. El yo primigenio, el que tienes en lo más hondo de las tripas, te lo guardas solo para ti, para que no lo vea nadie. Y a veces te das cuenta que tener alma, tener tanta alma, es atrozmente doloroso. Que gritarías y aullarías incluso si pudieras, para que en algunos momentos viniera alguien y te la arrancara de cuajo. Porque no quieres que vuelva a llamar a la puerta de lo adormecido.
Te paras a pensar y te preguntas cómo te verán los demás. Como será desde fuera esa máscara que tanto trabajo te ha costado construir. No lo sabes. No lo puedes saber. Y eso te intriga, te pica como un bichito entrometido que te va asaltando una vez tras otra.
Sales a la calle, y te das cuenta que el aire frío te calma las ideas. Te devuelve a esa realidad de las cosas que a veces da tanto miedo, pero que es la única que conoces.
Te preguntas que ha pasado. Pero te das cuenta que no hay respuesta. Que ha pasado una cosa extraña, que no acabas de entender. Algo que era tuyo y que ya no lo es. Que te has desprendido de algo que sin saber porque ibas acarreando y que el esfuerzo de sacarlo a la luz te ha dejado en otra dimensión. De momento ya no lo tienes encima, pero sabes que tarde o temprano volverá a ti y tendrás que recogerlo. Pero también te da por pensar que quizás no tendrías que haberlo sacado. Que si lo guardas, lo escondes y lo acallas, termina por desaparecer. Ya es demasiado tarde.
Y miras al cielo y te das cuenta que el día que amaneció siendo soleado, se ha oscurecido de golpe. Y que se ha puesto a llover de sopetón.

jueves

EL ARTE (O EL MISTERIO DIVINO) DE HACER MALETAS

Buscar un billete de avión que no te salga por un pico y en una compañía que te permita llevar unos quilos más de equipaje (eso sí, previo pago de una tarifa nada despreciable) y que no tengas que empeñar hasta los pendientes de mercadillo que llevas puestos, es un trabajo poco menos que de titanes. Pero bueno. Eso es lo de menos. Tristemente, hay una cosa que te permite eso: el puñetero dinero que hace que el mundo gire y nos tiene a todos cogidos por los…. Una vez superado eso, y tras pasar por el aro de “con dinero vas a todas partes”, te agencias un billete que te convenga. Hasta ahí, todo bien. Pero amigos míos, eso no resulta ser la tarea más difícil. Lo complicado, lo que te pone a prueba, lo que puede acabar destrozando hasta los nervios más templados, es hacer una dichosa maleta. Maletas hay muchas, como también son muchos los motivos que te pueden empujar ha tener que hacer equipaje: largarte un fin de semana a la montaña con unos amigos; tener que irte fuera de casa un par de días por motivos de trabajo; quedarte a dormir en casa de una amiga porque sales muy tarde de la facultad y ya no pillas el último bus de vuelta a casa; irte una semanita de vacaciones en pleno verano… Qué os voy a contar que vosotros no sepáis ya.
El caso es que todos esos supuestos los domino más que de sobra. Me he enfrentado a ellos en unas cuantas-bastantes ocasiones. Pero lo que no he hecho hasta el momento es plantarme delante de un maletón en el que casi me puedo meter yo enterita si mi cuerpo no hubiera ganado unos cuantos quilitos de más en los últimos tres años y si no hubiera perdido la flexibilidad que tenía a los 15 años gracias a muchos años de clases de danza. Y la maleta en cuestión se va a convertir en mi baúl particular. En mi pequeña casa a cuestas. En lo que aún me una un poquito a mi casa, a mi familia, a mis amigos. Sí suena pedante, lacrimógeno, ñoño… Pero o me lo tomo con cierta coña marinera o simplemente me da por volverme loca. Porque resulta que llevar de un lado a otro mis propias cosas (y no todas, claro está, pues las compañías aéreas, entre muchas restricciones nos vuelven “majaretas” con los dichosos quilos del equipaje) se acaba convirtiendo en una verdadera pesadilla. Mira tú que casualidad que los telediarios llevan hoy todo el santo día haciendo referencia a los “objetos prohibidos” que no se pueden embarcar en un avión. Eso si, pero lo que nadie se plantea porque las compañías aéreas es no te dejan llevar algunos quilos más de equipaje y evitar así muchos episodios de ansiedad.
Pero, ¿Cómo plantarse a tan ardua tarea sin acabar con los nervios hechos trizas? En el simple intento de organizar mentalmente todo aquello que me gustaría (no digo que pueda) llevarme, ya me empiezo echar las manos a la cabeza. Sin ir más lejos, hace un par de noches, me dio por soñar que estaba en medio del aeropuerto de Barcelona, delante del mostrador de la compañía aérea y que la azafata de turno me decía que lo sentía mucho pero que era imposible facturar una maleta que pesara 60 quilos. Yo me quedaba a cuadros. De donde narices salía que yo llevaba una maleta de 60 quilos, si yo la había pesado en la balanza del cuarto de baño de casa y no superaba los 30! Me entraban todos los males y mi madre no hacía más que decirme que ya me había avisado en casa, que no tendría que haber metido dos pijamas, un neceser cargado hasta los topes, tres pares de zapatos, unos cuantos más pares de tejanos…. Y empezaba a relatarme uno por uno todo lo que había metido en el maletón y…. la azafata estaba allí, en el mostrador con una libretita y un boli bic apuntando una por una todas las cosas que había metido en el maletón. Cuando mi madre terminaba la lista, la chica sumaba el total de los “artículos” y me decía casi a voz en grito con la cantinela de los niños de la lotería de navidad, “Pesa 60 quiloooooos”. En eso que toda la gente que estaba en la cola del mostrador soltaban también a voz en grito “Bingooooo”. Se montaba un “cachondeíto” en el mostrador, que ya os podéis imaginar… De lo que pasa después no me acuerdo. Creo que me desperté con los gritos y lloros del pequeñajo de los vecinos de enfrente, y me he quedado con la duda de saber por qué derroteros se hubiera ido mi subconsciente para terminar esa escena tan insólita.
Empiezo a pensar que el sentido freudiano de ese sueño es que no estoy tocada por el arte de saber hacer maletas. Vaya, que lo voy a tener muy chungo dentro de poco más de una semana y me va a caer encima la maldición de hacer equipaje. Por lo pronto, solo tengo que hacer una pequeña bolsa de deporte para el fin de semana, y eso estoy segura que no va a estar tocada por la funesta maldición. Cuando esté de vuelta os lo cuento…
PD: Foto de aquí

viernes

NO HAY TREGUA


Medio país está de “sofing” o de “playing” o de “vacacioning”. Yo estoy de “estressing” que no os podéis imaginar. Y es que ayer me llegó un mail que me dejó algo preocupada… Bueno, en realidad no fue el mail en sí, sino lo que en sí implica. Y es que resulta que mi año académico en Londres se presenta movidito… No es que me eche para atrás la “buena” noticia de que tendré que estudiar como mínimo 8 asignaturas (noticia que tampoco es que me haya dejado muy tranquila, pues en principio me obligaron a presentar un horario provisional en mi propia facultad, y en ningún lugar me informaron que tenía que cursar tantas materias) , sino que… No sé como seré capaz de compaginarlo con un trabajo que me dé dinerillo para subsistir… Es lo que tiene no ser “hija de papá”, que todo he tenido que ganármelo a pulso puro y duro, y aunque el verme viviendo en Londres es sin duda alguna el sueño de mi vida, los fantasmas que hasta ahora estaban muy bien encerrados en una cajita de mi cabeza, parece que se han escapado por el agujero de la cerradura.
No es que me vaya a morir de hambre, tengo mis ahorros (juntados con mucho esfuerzo y durante muchos años), pero claro, tampoco es plan de que un año en el extranjero me obligue a pateármelos todos toditos… Y también está mi queridísima madre que no hace más que repetirme que “Si hace falta te echamos una mano en todo lo que necesites, que para eso estamos hija mía” A mi se me encoge el corazón y la boca del estómago parece que se me cierra cada vez que mi madre me ha dicho esto en los últimos dos meses.
O sea que ya os podéis imaginar como tengo yo los ánimos: alterados, liados, estrujados, atacados, histéricos, neuróticos…. Vaya, toda la retahíla de adjetivos que os remitan a un estado de nerviosismo es ideal para que os hagáis una idea de cómo estoy pasando este fabuloso puente del quince de agosto.
Y es que mi problema es que siempre le doy muchas vueltas a todo, y como también dice mi paciente madre: “No es bueno empezar a darle vueltas a algo que aún está por llegar”. Qué razón tiene, y qué zoqueta soy yo en caer siempre en la misma trampa. Sí, porque eso es una trampa del maldito subconsciente, que actúa así sin preguntar y te pegas unas rabietas y unos malos ratos que para qué…
Yo que estaba tan contenta porque las cosas parecían estar bastante controladas… Aquí empieza el festival del humor de los “problemillas” que van a ir surgiendo a partir de ahora, y que no van a hacer más que una cosa: ponerme a prueba y recordarme constantemente algo que ya llevo grabado a fuego en mi conciencia desde que tengo uso de razón: que nadie te regala nada y que por narices tienes que sacarte las castañas del fuego y ganarte las cosas a pulso. Aunque no os negaré que a veces me entran unos cabreos… Siempre tener que estar luchando… Yo que soy tan pequeñita y tan “cagada” a ratos… Se me hace un poco cuesta arriba. Seria una cobarde si no lo reconociera…

martes

EMPEZAR LA TEMPORADA

Una buena opción para pasar los días calurosos… Darse a los cortados con hielo para soportar el calor, siempre y cuando la cafeína no acabe descuajaringándote el sistema nervioso, que esa es otra… Sí, bueno, este fin de semana no lo ha permitido (por la tan deseada lluvia), pero el anterior y los que están por venir, seguro que ya no van a “permitir” tomarte los cortados con la leche caliente. Bueno, en fin, no me voy a poner a filosofar sobre como tomarse los cortados, sino que con esto me quiero referir a que, el verano se acerca. Nos guste (personalmente a mi no mucho) o no (personalmente a mi sí), todo empezará a llenarse de guiris, el calor empezará a se insoportable y empezaremos a sudar como pollos, los días se harán largos larguissimos…. Llevo toda la mañana pensando eso, porque he estado repasando los armarios… es lo que tiene estar de vacaciones, tener que estudiar y no poder largarte a ningún lugar, porque además, tienes que ahorrar todo lo que puedas… ¿Menudo panorama verdad? Soso, lo sé, pero con los cuatro meses que me han precedido, como un puro torbellino, esta rutina sosera es una verdadera gloria de paz y tranquilidad.
Mi madre me ha soltado hoy lo de “¿no piensas moverte de casa en todo el día?”, y aunque parezca mentira, me da una pereza… Salir a trabajar seis días a la semana, hace que cuando no tengo que ir a trabajar, no me den ganas de salir de casa durante un par de días. Eso de “desparramarse” y gandulear a lo guarro en casa creo que es uno de los mejores pequeños-grandes placeres a los que podemos aspirar. Bueno, no es así para todo el mundo, pues hay quien admite que se aburre soberanamente en casa, pero como que para mí no es el caso, siempre tengo con qué entretenerme. Cuando no estoy conectada a internet, estoy liada con mis libros, o con mis discos… Y es que quién no se entretiene es porque no quiere..
Y yo sigo con mi neura de ver vídeos antiguos en el youtube. Llevo un par de días enganchada a los Queen (Adr, en parte te lo debo a ti, amigo mío), y esta noche cuando estaba viendo la tele han puesto este vídeo de los maestros ingleses. Me ha venido a la cabeza la primera vez que lo vi. Yo era una enana, y creo que era la primera vez que veía a un hombre con bigote vestido de mujer.. y están los cuatro más divinos con esas pintas…. Menudo impacto me hizo…
Os lo dejo aquí, para que os reconozcáis a vosotros mismos hace un porrón de años…





Por cierto, la foto de arriba es de hace un par de semanas, en mi terraza favorita, cuando me decidí a empezar la temporada de los cortados con hielo... No os podéis imaginar el ambiente más tranquilo donde está situado.... un pequeño-gran lujo.....


domingo

DE VACACIONES, NEURAS Y "FRIKISMO"

Ya es oficial. Desde las dos de esta tarde (bueno, en realidad tres menos cuarto porque a última hora se ha liado un poco la cosilla), ya estoy de vacaciones.
Ha sido un fin de semana difícil. Tener que dejar tu trabajo listo y preparado para alguien que te tiene que sustituir pero que no sabe absolutamente nada de lo que haces, es una tarea realmente agotadora. Y a eso hay que añadirle que los ánimos no están demasiado fiesteros. En realidad casi todo lo contrario. Además, el tiempo tampoco no ha acompañado, aunque no me quejo. Estamos en casi situación de emergencia por la falta de agua, y sería absolutamente imperdonable quejarse porque ha estado lloviendo desde el viernes.
Pues nada, que este fin de semana gris y lluvioso no ha acompañado mucho a subirme los ánimos. Un montón de cosas se me amontonan en la cabeza, y aunque mi madre esté siempre ahí, quitándole hierro al asunto, una es de las que le dan vueltas a todo. Si tenéis la paciencia de leer mis posts, ya os habréis hecho una ligera idea de cuales son mis neuras…
A las que hay que añadirle otra…. La que me ha “picado” esta última semana: repasar videoclips en el youtube, de hace un montón de tiempo. Algunos cutres, lo reconozco, pero… ¿Quién no tiene un lado friky, de esos que genera conversaciones jocosas entre los amigos? Pues yo lo tengo, y muy acentuado, e incluso creo que con los años se me está acentuado. Pues nada gente… Desde mi primera noche de vacaciones, os dejo con uno de los vídeos de mi pasado ya algo remoto. Para algunos una de las canciones más emocionantes de los años 90… Para mí sin duda un momento más que especial, pues el lugar donde vivo se vio inmerso directamente en eso que quiere simbolizar la canción, y me traslado a unos momentos muy especiales y emocionantes de mi infancia y a pesar de los años, sigue poniéndome los pelos como escarpias. A ver quien adivina porque…



martes

EL QUE ESPERA DESESPERA


Suena a topicazo de los más castizos, pero es una verdad como un templo. Así estoy yo... Desesperada, atacada, histérica, nerviosa, ansiosa... y toda la retaíla de adjetivos que se os ocurran para definir el estado en que te encuentras cuando tus nervios están algo alterados. Y es que resulta que como todo en este país, la lentitud y los “inesperados problemas técnicos” también afectan a los pobres estudiantes que estamos pendientes de una beca para irnos al extranjero. Desde principios de febrero llevo yo con este sin vivir en el cuerpo. Primero que no podía hacer la solicitud, luego que subieron el nivel de inglés de 3º a 4º en solo 5 días, después que tardaron 15 días en publicar los resultados de las pruebas de lengua, y ahora... Ahora que los “problemas técnicos” de las narices han impedido que la asignación final de plazas se haya pasado el plazo por el forro de las..., y aunque tenían que salir ayer, con un poco de suerte saldrán antes del viernes. Y es que después de mandar montones de correos (al final van a pensar que soy una hacker que quiere sabotearles el sistema) me he rendido a la evidencia que no me los iban a contestar. De qué sirve que pongan una dirección de correo electrónico de contacto si luego no te responden? Te acabas poniendo de los nervios, repitiéndole a tus compañeros de trabajo que aún no te han contestado y les terminas contagiando ese histerismo. Finalmente he acabado recurriendo al teléfono, viejo gran amigo de los “nervosios” como yo que no pueden esperar a que les contesten los mails. Y es que no me negaréis que esperar un correo electrónico que no llega te acaba dejando medio desquiciadita perdía. Pues nada. Que hasta mañana o el jueves nada de nada... ¿Y de qué me sirve a mi ponerme nerviosa si no está en mi mano? La verdad es que de una lógica aplastante, pero es que a veces el subconsciente es un tío algo “cabroncete” y no puedes evitar que te juegue malas pasadas... Así que con los niveles de adrenalina tan altos como los tengo, ya os podéis imaginar como he empezado la semana: como una moto!
No me queda otro remedio que decir aquello de: TO BE CONTINUED...

lunes

CUANDO SE REPITE MÁS QUE EL AJO...

Por lo menos que la canción que se te pega en la garganta y el cerebro tenga un poco de gracia, ¿no? Soy de las que canta hasta bajo el agua, y hoy un amigo bloggero me ha hecho darme cuenta de ello. Y resulta que la melodía, cancioncilla, estrofa, acorde,… como queráis llamarle, de hoy, es esta. Esta mañana, cuando me he levantado (levantarse es un decir, más bien ha sido arrastrarse de la cama al suelo, porque el maldito cambio de hora me tiene loca, loca, loca) es la primera que he oído en mi emisora de radio favorita, y en este penoso día de descanso laboral, pero de curro académico hasta las cejas, no hago más que canturrearla sin parar…Pero por lo menos esta tiene su gracia y todo... imagino que se la canto a alguien que yo me sé, y con ese tonillo de "mala leche" que tiene la letra, y que tanto me gusta, me rio mogollón... Venga, a ver si os la pego…. Jajajaaaa



PD: Esta semana voy a estar más liada que una persiana y no creo que pueda entrar mucho por estos mundos cibernéticos….. por eso… buena semana a todos!!!

sábado

EL INACABABLE MUNDO DEL ESTUDIANTE


Me encuentro en una etapa curiosa de mi vida de estudiante. Y es que por un lado estoy estudiando para ser profesora de Español, y por otro lado estoy estudiando Inglés. En los dos casos actúo como alumna, pero es evidente que con fines totalmente diferentes. En el primer caso se supone que domino a la perfección la lengua y que por tanto me estoy formando para enseñarla. En el segundo, no nos engañemos, me tengo que dejar los “codillos” y las “cejillas” para salir más o menos airosa. Y lo más curioso del caso es que en las dos circunstancias me siento bastante cómoda. Ante esta situación para mí tan curiosa, no puedo más que echarme a reír. Y es que cuando tienes 18 años te venden la papeleta que con la carrera universitaria terminada te comerás el mundo, y cuando lo recuerdas no puedes evitar que te salga una risotada burlona y descreída. Pero entonces, no tenías el privilegio de dominar bastante bien ninguna de las materias. Antes eras un poco “pardilla” y te tenías que armar de valor para tirarte horas y días enteros hincando codos. Antes pensabas que todo podía depender de una nota. Ahora ves que quizás tenías algo de razón con esa idea, pero solo una razón relativa. Porque puedes ser un genio en los estudios, y un “truño” como persona. ¿Entonces de qué te sirven los sobresalientes?
¡Qué poca razón tenían los que te decían que las notas lo eran todo! Porque al final, los que acabaron la carrera con mejores notas que yo, han terminado de becarios “puteaos” y tragándose dobladas las incongruencias del sistema universitario de este país. Y aquí estoy yo, con veintitantos y estudiando como cuando tenía “diecipico”... Por un lado la UNED, por el otro una EOI, y de refilón la facultad que me dio el título universitario que aún sigue chupándome los eurillos con el temido y ya eterno doctorado.
Pero para qué engañarme. Me siento a gusto. Quizá porque es como si hubiera vuelto a los 20, cuando todas las preocupaciones eran aprobar los parciales y que pasar limpia al siguiente curso. Claro que ahora todo ha cambiado un poquito. Entonces solo me dedicaba a eso. Ahora hay que compaginarlo con el trabajo, que lo complica todo bastante más... Y es que quién diga que la vida del estudiante es sencilla, amigo mío, va más equivocado que una buscando bragas en una ferretería...

martes

HAY COSAS QUE NO SE PUEDEN EXPLICAR

¿ Por qué los ingleses tienen escrito esto en sus pasos de zebra? (No es que no lo sepa, es una pregunta retórica, ¿sabéis?) Seguro que para ellos tiene un sentido. Para mí, en estos momentos no. No lo puedo explicar. No responde a ninguna lógica que yo conozca. Pero hay muchas otras cosas que no se pueden explicar. Cosas que sí forman parte de tu vida diaria y de tus costumbres más arraigadas pero que aún así no puedes darles un porqué. No las puedes contestar con una frase satisfactoria para tu interlocutor.
Es como si te preguntan si quieres más a tu padre o a tu madre. Que porqué te gustan tanto los macarrones (suponiendo que sean tu plato favorito, que no es mi caso). Que porqué estudias lo que estudias...
Porque muchas veces, la gente que te rodea no tiene suficiente con un simple "Porque me gusta", o "Porque sí", o "Porque me apetece"... Tu gente a veces es puñetera. Te apreta las tuercas preguntando más y más. Quieren tener una razón clara. Una razón que muchas veces no puedes darles. Hace tiempo que desistí en explicarme, en dar razones coherentes y satisfactorias. Me limité a decir que era "lo que me pedían las tripas", entiendiendo por eso que es lo que me pide mi interior. No sabes dar un porqué ni un cómo, pero sabes que es así y punto. Como mi padre, cada vez que le planto que me quiero largar a Londres. Porqué? Porque sí, papá, porque me gusta, porque siempre me ha gustado. Porque desde que era una enana me sentía atraída por esa ciudad. Porque necesito cambiar de aires. Porque quiero seguir allí mis estudios. Porque yo quiero tirar para un lado, por más que a los que me rodean les parezca extraño. Y el erre que erre... Que qué manía le ha entrado a esta chica con largarse, que con lo bien que está aquí, que si allí va a estar sola y tendrá que empezar de zero, que si pitos que si flautas... Y a mi me da la risa. Me río sin que me vea porque él que parece tan serio y tan gruñón no para de darle vueltas. Porque él, tan poco "padre baboso", en el fondo se calla todo lo que siente. Y lo que siente es que no quiere que su hija mayor, con la que ha discutido mucho a lo largo de sus casi 3o años de vida, pero con la que también comparte muchos gustos y opiniones, se vaya y lo deje con sus neuras. Porque como dice mi madre, es todo "piquito pa' fuera", pero por dentro las cosas escuecen un poquillo. Pero no puedo evitarlo. No puedo evitar no saber darle otra contestación. Porqué hay cosas que no se pueden explicar, por más que intentes dar razones, y por más que los que te rodean te digan me mires para la derecha, si a ti no te apetece, mirarás para la izquierda...


lunes

HOY NO CONSEGUIRÉ NADA

Antes era pánico a la hoja en blanco. Ahora es pánico a la pantalla en blanco. Sea como sea y utilices el soporte que utilices, eso no ha cambiado. Y así estoy yo: bloqueada, saturada, asustada, paralizada…. Nada. Nada sale de mi cabeza. Mis dedos no saben qué teclas han de tocar para empezar a escribir. Empiezan a toquetear rápida y nerviosamente el teclado sin decidirse a construir palabras, frases, oraciones, párrafos con sentido. Nada. Solo puedo mirar a mi alrededor y preguntarme qué me pasa, porqué no puedo escribir, porque no puedo contar nada. El pánico se apodera de mí. Y si ya no tengo nada que contar? Y si no sirvo para escribir? Y si todos los que a mi alrededor me han repetido que les gusta lo que escribo no han hecho más que tomarme el pelo? Y si todo es una mentira y no puedo conseguir que mis pensamientos salgan hacia afuera a través de la escritura? Un sudor frío empieza a entrar por la yema de los dedos y va avanzando hasta los nudillos. Está llegando a las palmas de las manos y hasta el puño. Tengo que sacudir las manos para que vuelvan a responderme. Como cuando te lavas las manos y las sacudes al aire antes de secártelas en la toalla. Pero ahora no me quiero secar el agua. Quiero que las manos vuelvan a responderme, que vuelvan a ser mías, no de ese hormigueo desagradable que no me deja moverlas con normalidad. No me responden. Sacudo una y otra vez pero nada. Las manos no son mías. Son suyas. Son de él. Del pánico a la hoja en blanco, que se ha apoderado de ellas y no las suelta. Imposible. No puedo. Hoy ha ganado él. No voy a poder escribir nada. No se las puede forzar. Las manos se han aliado al cerebro y hoy no están dispuestos a seguirme. He perdido la batalla. Hoy no conseguiré nada.